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Club de ArquiLectura

"Hay muchas veces libros sin Doctor que los lea; hay también otras Doctores que carecen de Libros: lo uno y lo otro es perjudicial en la República, y así en la Arquitectura si no se leen son superfluos los Libros". (Juan Caramuel, 1678)

NEUFERT Y HERÓDOTO = NEUFERT AND HERODOTUS

Carlos Javier Irisarri Martínez Profesor de Deontología e Historia del Arte y Arquitectura Blog Club de ArquiLectura Publicado 02 Abril 2018

El “Arte de proyectar en Arquitectura” es un libro fascinante, y en esto estarán de acuerdo todos los que lo han tenido en las manos. Su hegemonía como libro de consulta, solo amenazada ligeramente por un manual inglés durante nuestra posguerra, se mantiene intacta hasta hoy, como atestigua que su decimosexta edición haya salido a la calle no hace mucho. La pretensión de juntar en un único volumen todo lo que se necesita saber para el ejercicio resulta un temprano antecedente de experimentos como aquel jipi Whole Earth Catalog, precursor a su vez de la actual WWW. Nada hay más subyugante que su maravilloso esquema de composición de la vivienda, al que se van sumando estancias, o la excelente selección de modelos de todo el mundo, que incluye el Cine Barceló de Gutiérrez Soto.

No cuento todo esto para descubrir un libro que está en todos los estudios de arquitectura y del que es muy fácil saber más. Lo traigo a colación, sin embargo, como introducción de una anécdota que me ha resultado muy significativa, y que me contaba hace poco en una reparadora cena un buen amigo. Éste, que terminó la carrera de arquitectura conmigo, lleva desde entonces -hablo ya de décadas- rodando por África y ejerciendo de arquitecto para causas de emergencia, ayudando en sitios donde la profesión es necesariamente humilde y esencial, donde los postureos y la soberbia que llena la cabeza de sus colegas en el primer mundo no tienen cabida. En su vida, la arquitectura no es otra cosa que servicio, no hay otra expresión que la belleza del objeto exacto.

Una profesión así, una vida así, solo es posible desde la renuncia constante a lo superfluo, desde el abandono de cualquier lastre no imprescindible. Por supuesto, hablo de condiciones de vida, pero también de postulados de diseño, de esquema de composición, de referencias y de maestros. “No guru, no method, no teacher", que diría Van Morrison. Ello se expresa perfectamente en una biblioteca que poco a poco se va abandonando en cada mudanza, en monografías y manuales que cada vez se hacen más inútiles ante problemas de emergencia y que van quedando atrás… todos menos uno. Me refiero claro está al “Neufert", que acompaña a mi amigo durante sus andanzas, salvándose en cada movimiento y que acaba por ser el único acompañante impreso, su única guía de referencia, durante muchos, muchos años. Su autor estaría orgulloso. Quizá para hacer Arquitectura no necesitamos mucho más que un buen conjunto de medidas comprobadas, unos cuántos ábacos de resistencias, unas tablas de materiales, unas pocas tipologías de referencia.

El final de esta historia se produce no hace mucho, ayudando a unos misioneros en una ambiciosa labor y a quienes, finalmente, se les regala este “Arte de proyectar en Arquitectura”. Mi amigo ya no lo necesita, pues desde hace tiempo está más retirado de la acción y se dedica a labores de gestión en el Congo.

Más de una vez he leído que los legendarios descubridores del África del XIX llevaban en su equipaje las obras completas de Heródoto. A falta de guías fiables, de mapas, buenas eran las descripciones del padre de los historiadores, también gran viajero y descriptor de la geografía física y humana de su época. En esto encuentro cierto paralelismo con la anécdota que detallaba. Una aventura profesional guiada por un libro, un libro que pretende encerrar todo el saber necesario, y una actitud vital en la que uno mismo importa muy poco y en la que el conocimiento se pone al servicio de otros.

"Arte de proyectar en Arquitectura" is a fascinating book and in this, all those who have had it in their hands will agree. Its hegemony as a reference book, only slightly threatened by an English manual during our post-war period, remains intact until today, as it attests that its sixteenth edition has appeared not long ago. The pretension to gather in a single volume all that is needed to know for the exercise is an early antecedent of experiments like that hippie Whole Earth Catalog, precursor in turn of the current WWW. Nothing is more subjugating than its wonderful scheme for composing a house by adding rooms, or the excellent selection of models from around the world, which includes the Barceló Cinema of Gutiérrez Soto.

I am not telling all of this to discover a book that is in all architecture studios and from which it is very easy to know more. I bring it up, however, as an introduction to an anecdote that has been very significant to me, and that a good friend told me recently in a restful dinner. This friend, who finished his architecture studies with me, has been since then -I am spoking about some decades- working in Africa. There he was acting as an architect for emergency causes, helping in places where the profession is necessarily humble and essential, where postures and arrogance that fill the heads of our colleagues in the first world have no place. In his life, architecture is nothing other than service, there is no other expression than the beauty of the accurate object.

Such a profession, such a life, is only possible from the constant renunciation of the superfluous, from the abandonment of any non-essential ballast. Of course, I speak of living conditions, but also of postulates of design, compositional scheme, references and teachers. "No guru, no method, no teacher", as Van Morrison said. All of this is perfectly expressed by a library that is gradually being abandoned in each move, in monographs and manuals that become increasingly useless for facing emergency problems and are left behind one by one... All but one, I mean of course the "Neufert", who accompanies my friend during his adventures, saving it in every movement and being finally the only printed companion, his only reference guide, for many, many years. Its author would be proud of hear this. Perhaps to do Architecture we do not need much more than a good set of proven measures, some abacuses of resistances, some tables of materials, a few reference typologies.

The end of this story takes place not long ago, helping some missionaries in an ambitious work and to whom, finally, he gives this "Arte de proyectar en Arquitectura". My friend does not need it anymore, since he has been more withdrawn from the action for a long time and is dedicated to management tasks in Congo.

More than once I have read that the legendary African discoverers of 19th century carried in their luggage the complete works of Herodotus. In the absence of reliable guides, maps, they took for good the descriptions of the father of historians, also a great traveler and descriptor of the physical and human geography of his time. In this fact, I find a certain parallelism with the anecdote that I have detailed. A professional adventure guided by a book, a book that aims to enclose all the necessary knowledge, and a vital attitude in which oneself matters very little and in which knowledge is placed at the service of others.

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