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"Hay muchas veces libros sin Doctor que los lea; hay también otras Doctores que carecen de Libros: lo uno y lo otro es perjudicial en la República, y así en la Arquitectura si no se leen son superfluos los Libros". (Juan Caramuel, 1678)

EL ARQUITECTO CIENTÍFICO

Carlos Javier Irisarri Martínez Profesor de Deontología e Historia del Arte y Arquitectura Blog Club de ArquiLectura Publicado 03 Julio 2013

La portada que nos acompaña es de un libro que no he leído, ya que ni siquiera he conseguido hacerme con él (¡aún!); salvo error, se trata de un resumen del estado de la investigación que sus autores llevan tiempo realizando con sus alumnos, tratando de incorporar en el diseño los principios de la termodinámica. En el fondo subyace la búsqueda de un equilibrio energético que se antoja casi ciencia-ficción, pero que apunta a una realidad posible. De tal investigación, Renata Sentkiewicz e Íñaki Ábalos han hablado hace poco en el Colegio de Arquitectos de Madrid, dentro de un ciclo de Investigación y Arquitectura que nos ha traído las mejores conferencias que recuerdo desde los ya legendarios encuentros de Arquitectura y Música.

 

Todo esto no sólo ha conseguido que volvamos a abrir los libros de física de nuestros tiempos de estudiante (¡que ya es meritorio!), sino que nos lleva a una reflexión que se relaciona con el título de este mes: esta categoría de “arquitecto científico” se encuentra en el origen mismo de la profesión de arquitecto tal y como la conocemos hoy, puesto que fue la manera de distinguir al profesional que asumió el trabajo de ideación previa a la construcción. Con ello, se separa del maestro de obras o del “arquitecto práctico”, figura a la que se contraponía allá por los siglos XVII y XVIII.

Pero aún más, es una categoría que alude a lo que siempre fue el arquitecto, al menos hasta que el exacerbado concepto de artista del Romanticismo generara una trasformación profesional que llega hasta nuestros días y en la que la ciencia cada vez tiene menos que decir. Es por ello que este trabajo de Ábalos + Sentkiewicz me ha parecido tan interesante, ya que cabe entenderlo como una reivindicación de un carácter que el arquitecto nunca debió perder.

Porque éste ha sido durante siglos un personaje inevitablemente ligado a la ciencia, conocedor en cada momento de los conceptos más avanzados, pero también protagonista como investigador en numerosos campos, poseedor de una intelectualidad enorme en la que no se pueden disociar arte, profesión y ciencia, porque son la misma cosa. No hay más que echar un vistazo a la actividad de cualquier profesional renacentista, a las bibliotecas de los arquitectos barrocos e ilustrados, las más nutridas y variadas, a sus propios escritos y tratados, que abarcan desde la astronomía a la medicina, de la matemática a la pirotecnia, de la filosofía a la mecánica.

¿Un buen ejemplo? Se me ocurre citar a Sir Christopher Wren (1632-1723), autor de la catedral de San Pablo en Londres o de la planificación urbanística de esta ciudad tras el incendio de 1666, con una extensa y singular obra construida… pero también matemático y maestro en astronomía, además de anatomista y experto en disección, cuyas reflexiones sobre el funcionamiento del cuerpo humano son trasladadas con éxito al campo del urbanismo.

Inmersos como estamos en una (¡una más!) redefinición de nuestro trabajo, buscando que la profesión no se quede rezagada de una Sociedad en vertiginosa transformación, puede resultar importante que la Ciencia se convierta en uno de los pilares donde apoyarse. A lo mejor, no nos queda otro remedio. O a lo mejor, no podía ser de otra manera, que no es exactamente lo mismo.

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