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La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa

Temas de actualidad económica y empresarial nacional e internacional, organización, dirección y estrategia empresarial, panorama y nuevas tendencias en los negocios, emprendimiento, capital humano.

POSICIÓN DE DOMINIO EN UN MERCADO

Máximo Cortés Navajas Prof. Dr. D. Empresa Blog La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa Publicado 21 Julio 2017

¿Hasta qué punto una empresa puede llegar a dominar casi por completo un mercado o  un sector de actividad?  Ya desde los inicios del capitalismo, se ha evidenciado que el poder de determinadas compañías puede no tener límites,  extendiéndose no sólo al ámbito económico o comercial, sino también al político y social. Estas firmas se convierten en la práctica en monopolios u oligopolios con mucha capacidad para influir en su entorno y controlar  todas las partes o fases de las cadenas de negocios.

Este tema se ha puesto especialmente de moda tras la reciente sanción de la Comisión Europea a la todopoderosa Google, que se ha traducido en la mayor multa antimonopolio que esta Institución había puesto nunca (2.420 millones de euros); han considerado que ha existido abuso de posición dominante en el mercado europeo, concretamente en su servicio de comparación de compras online, aprovechando de paso también para poner en entredicho su modo de operar en general.

Una decisión de este tipo, se determina en base a dos cuestiones primordiales: que no se permita a otras compañías competir en igualdad de condiciones y que se cercene la libertad de elección de los consumidores. Parece, según lo argumentado a partir de los indicios y pruebas recabadas por la CE y, ante las demandas de más de treinta firmas del sector que se consideraban perjudicadas, que Google en este caso incurre en ambas faltas, otorgándose un plazo de 90 días para que la firma norteamericana realice las rectificaciones oportunas.

Un precedente significativo en las empresas tecnológicas, se produjo ya en los años 90 con el caso Microsoft. Adquirió tal dominio en las distintas parcelas relacionadas con las TIC  y el negocio digital, que tuvieron que intervenir los organismos competentes en USA para frenar su actividad monopolística, especialmente cuando Microsoft vinculó su buscador Internet Explorer al sistema operativo Windows, lo que terminaba por dejar  fuera de mercado a otras compañías con posibilidades de competir.

Lo curioso es que, ante el tamaño que adquiría Microsoft, se llegó a proponer por las autoridades la posibilidad de escindirla en varias compañías o unidades de negocio. Al final, los propios competidores perjudicados no veían con buenos ojos esa opción, ante el temor de que el gran monstruo pasase a convertirse en varios monstruos de similar poder  (como los gremlins de la famosa película, que se reproducían en nuevos seres maliciosos a partir del “bicho” original). El director ejecutivo de Microsoft, Steve Ballmer, manifestó textualmente en su defensa: “lo nuestro no es un monopolio; lo nuestro es una cuota de mercado. Son cosas diferentes”.

 Algunas firmas tan emblemáticas como Coca-Cola, también han tenido problemas en diferentes mercados por su posición de dominio y, de hecho, en Europa, su operación de compra de Schweppes se frustró en muchos países por considerar que adquiría un  poder en el mercado de los refrescos que excedía los límites de lo permitido. En el 2014, la Comisión Europea cerró con la compañía una serie de acuerdos para limitar políticas de exclusividades  y descuentos que utilizaba  la firma con lo que conseguía ventajas en los canales de distribución.   Estos acuerdos pactados vienen motivados por que los tribunales de la competencia no siempre pueden demostrar fehacientemente las acusaciones formuladas.  

Suele ser difícil delimitar y demostrar cuándo se producen realmente situaciones abusivas y, por ello, varias decisiones de los tribunales de competencia han sido revocadas ante los recursos de las empresas afectadas, en temas de cuota de mercado  y compras no permitidas.  Concretamente, el Tribunal de Justicia de la UE, ha anulado decisiones negativas sobre fusiones y se han reducido varias multas impuestas a ciertas empresas por violar las normas de la competencia.

Una de las últimas y sonadas operaciones que está en entredicho, es la adquisición de la multinacional americana Monsanto por parte del grupo alemán Bayer (por casi 60.000 millones de euros), que le proporciona una situación de casi exclusividad en varias especialidades del ámbito agroquímico. Si nos remitimos al sector cervecero, en 2016 se materializó la fusión de las dos compañías mundiales más grandes: AB Inbev y SABMiller (operación cifrada en 100.000 millones de dólares) asumiendo así el 30% de la producción de cerveza en el mundo, fusión que levantó ampollas en el sector ante el dominio apabullante de este nuevo grupo.

Desde siempre, han existido grupos empresariales que han funcionado como monopolios u oligopolios.  Los primeros monopolios reconocidos de la era moderna se consolidaron a finales del siglo XIX. Por ejemplo la compañía Vanderbilt,  en el sector del transporte naviero,  la Standard Oil Trust, en el petróleo, o en la industria de productos químicos la germana IG Farbenidustrie, predecesora de Bayer, BASF y Hoechst. En la práctica, se tacha de monopolios a muchas compañías de distintos sectores, por el hecho de ser dominantes en sus mercados, aunque eso no quiere decir que realicen prácticas ilegales, salvo que se demuestre lo contrario, existiendo muchas controversias al respecto y distintos puntos de vista. Y ahí es donde está el difícil papel de los tribunales de competencia pertinentes, apoyándose en las legislaciones antimonopolio y reglamentaciones que salvaguardan la libre competencia.

En este sentido, se pueden mencionar a modo ilustrativo otras reputadas firmas señaladas y cuestionadas en varios mercados por sus posiciones de privilegio: en tecnología , Intel, Amazon y la misma Apple;  en el sector de la distribución y alimentación, Unilever, Procter and Gamble, Mondalez,  Nestle, Pepsico, Danone, Johnson-Johnson, Mars, Bimbo; en el sector químico, Dupont; en supermercados, Wall-Mart; en artículos deportivos Nike y Adidas; en combustible y petróleo Standard Oil, Pemex, Shell… Y así, podríamos seguir identificando muchas más en todos los sectores de actividad.

Lo cierto es que si nos paramos a pensar en firmas como Google, Microsoft, Apple, Coca Cola… nos daremos cuenta de que están presentes en las vidas de muchas personas y en la sociedad en general como un elemento más, casi consustancial a nuestra existencia; y eso, sí que supone ser un monopolio material y espiritual.

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Comentarios (5)
Julio Álvarez (no verificado)
24 Julio 2017 08:24 pm Responder

Suelen aparecer muchas voces y opiniones críticas contra las grandes empresas, a las que se acusa de abusar y controlar a sus anchas los mercados y de verse favorecidas por el sistema administrativo (esto quizá sea lo peor). Cualquier acción que realicen, incluso las de responsabilidad social, se cuestiona y se piensa que detrás hay otros intereses (como el caso de las donaciones del dueño de Inditex). Las grandes corporaciones siempre están en el punto de mira. Pero hay que pensar que muchas de ellas se han ganado la posición de privilegio por sus propios méritos, creciendo poco a poco y haciendo bien las cosas. Todos los países desearían tener empresas como Google, Microsoft, Apple...y personas con el talento de sus fundadores.

Enrique Gragera (no verificado)
27 Julio 2017 11:04 am Responder

Como decían nuestros mayores, es difícil ponerle puertas al campo. Por un lado está el derecho de las empresas a crecer, más que derecho necesidad, en muchos casos agónica y derivada de los objetivos de crecimiento que se imponen a sus dirigentes. Por otro lado está el derecho de los ciudadanos a la posibilidad de elección, a beneficiarse de la sana competencia entre las empresas y en medio están los tribunales. Esperemos y trabajemos porque cuenten con la independencia y los medios necesarios para realizar su trabajo.

Ivan Hilliard (no verificado)
28 Julio 2017 09:29 am Responder

The economist John Kenneth Galbraith looked at this problem often- the difference between a small company motivated to innovate so they can grow, and that same company, having become no.1 one in the market, being motivated to destroy innovation by others, so they can protect their market position. One of his 'solutions' was a strong social sector and trade union movement. What we are seeing from the EU is that social sector, making sure these companies don't abuse their market dominance. In my opinion, the EU and the US govt should continue this work. Big is fine, huge can be a problem.

15 Agosto 2017 12:47 am Responder

Muy buen artículo y muy pertinente. Creo que merece la pena ver más allá y analizar el papel de los fondos de inversión que hay detrás de las empresas. Al final estas son solo los medios que los primeros usan para obtener rentabilidad. De esta forma, podemos encontrar que un fondo -digamos el fondo soberano de Qatar- está invirtiendo al mismo tiempo en una aerolínea y sus competidoras, de manera que aunque la posición de dominio en el mercado pueda variar de una a otra, lo que no cambia en ningún caso es la posición dominante del fondo.

Inocencio Arroy... (no verificado)
18 Agosto 2017 11:01 am Responder

El profesor Máximo Cortes nos trae otro asunto económico de actualidad y a la vez muy viejo, por lo menos muy viejo en términos empresariales, puesto que el debate sobre el riesgo de los Monopolios alcanza a finales del siglo XIX en EEUU. En una economía moderna basada en la competencia y el mercado libre, la concurrencia de los intervinientes en el mercado de forma equilibrada es fundamental para una correcta formación del precio de las cosas, y la eficiente distribución de los recursos en el libre ejercicio de las transacciones económicas. El consumidor individual, minorista, tiene un alcance muy limitado en su capacidad de impactar sobre las decisiones de intercambio, no obstante la capacidad de una empresa de crecer, diversificarse y “acaparar” cada vez más capacidad como oferente, y vía este crecimiento la capacidad de limitar la entrada a nuevos oferentes, o “coordinar” las actuaciones entre los pocos oferentes, conlleva una perversión en el libre ejercicio de la competencia entre demandantes y oferentes. En una economía de mercado prima las decisiones de la sociedad, y el estado no debe influir en las decisiones de sus miembros, pero si debe “corregir” los desajustes del Mercado y la concentración o la aparición de Monopolios o Trust o acaparadores del mercado son desajustes que pervierten la libre competencia, y por consiguiente, el correcto reparto de los bienes y servicios. La legislación antimonopolio nace a finales del Siglo XIX en EEUU y hoy nadie duda de su necesidad y eficacia. La globalización y las grandes empresas, crean, inventan y generan riqueza, pero también pueden pervertir la libre competencia, y las personas que conforman las sociedades y los países deben primar sobre las corporaciones.

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