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La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa

Temas de actualidad económica y empresarial nacional e internacional, organización, dirección y estrategia empresarial, panorama y nuevas tendencias en los negocios, emprendimiento, capital humano.

EL INCIERTO VALOR DE LOS NEGOCIOS

Máximo Cortés Navajas Prof. Dr. D. Empresa Blog La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa Publicado 21 Septiembre 2017

¿Hasta qué punto se puede considerar que, el valor de un bien, de una empresa o incluso de una persona, se determina por lo que alguien esté dispuesto a pagar para obtener su propiedad? ¿Es el criterio más objetivo? En principio, cabría pensar que sí; sería el típico valor de mercado, que viene determinado por las circunstancias y necesidades de cada momento y de cada escenario. A esto, habría que añadir el valor de la oportunidad, derivado de las expectativas de rendimiento futuro de lo que se quiera adquirir, además de las habilidades de negociación de cada una de las partes. Este conjunto de aspectos y factores pueden distorsionar el concepto de valor, sujeto a una volatilidad en ocasiones feroz, produciéndose sobrestimaciones y minusvaloraciones que, en bastantes casos, se pueden antojar exageradas e incoherentes.

Ahí tenemos ahora, sin ir más lejos, el caso actual del mercado futbolístico, con las disparatadas cantidades monetarias y salariales por los fichajes que se están efectuando. La competitividad de los clubes de las diferentes ligas, algunos con nuevos y acaudalados inversores como propietarios, junto al efecto “Neymar”, han provocado que jugadores que hace unos meses se podían haber negociado por 40-60 millones de euros, se coticen ahora por el doble y, aun así, los equipos los contratan a sabiendas de que ese coste no representa su valor real (el futbolista francés Dembele, fichado por el Barcelona F.C., ha visto revalorizado su valor en sólo un año en un 1.000%).  Esta situación del deporte profesional, podría ser en cierto modo trasladable al ámbito de las adquisiciones de empresas, acciones y activos empresariales.

Cuando se adquiere algo, existen muchas connotaciones que van más allá del precio pagado. En primer lugar, estarían las propias expectativas de rendimiento, el posible retorno de la inversión o la revalorización esperada de lo adquirido. Pero también hay aspectos relativos a la satisfacción y disfrute personal de la posesión, además de otros intereses de diversa índole. Incluso los inversores pueden tener en cuenta el coste de oportunidad generado si no se deciden o no pueden concretar una determinada compra, lo que a veces acaba por conducir a precipitaciones irreparables. A este respecto, el inversor americano Warren Buffett, indicaba que, cuando iban a adquirir una empresa, actuaban como cuando se busca esposa o esposo: “Viene bien ser activo, poner interés y ser abierto de miras, pero nunca es bueno ir con prisa”.

En el ámbito empresarial, muchos analistas económicos alertan de que el valor de las compañías, de las marcas o de las unidades de negocio, puede estar adulterado por múltiples factores que van más allá de la coyuntura económica y social. En este sentido, podemos reseñar algunos aspectos que influyen significativamente:  los movimientos especulativos de los grandes grupos inversores “multipropietarios” de distintas corporaciones (ver post En manos de quién están las grandes empresas), las posiciones de dominio monopolísticas en muchos sectores, las presiones y manipulaciones sobre las acciones bursátiles, los lobbies y las políticas gubernamentales, así como el caótico comportamiento de las masas cada vez más sensibles e influenciables a las tendencias y corrientes consumistas.

En el mundo de los negocios, existen diferentes sistemas que tratan de determinar cuánto dinero pueden valer las grandes compañías. En el post del blog La Marca tenía un precio  ya comentamos estimaciones sobre el valor monetario de las principales marcas globales, aunque en este caso, los cálculos están basados principalmente en connotaciones relativas a la imagen, prestigio y  valor percibido de las distintas firmas empresariales. 

Un criterio valorativo de carácter más financiero es según su capitalización bursátil, utilizado por ejemplo para elaborar la relevante lista Forbes. Si nos atenemos al top 100 de la lista Forbes de empresas más valiosas, nos encontraremos que las compañías de Estados Unidos dominan claramente en este aspecto (las 12 primeras son de allí, 56 empresas entre el top 100). En cuanto al sector, el tecnológico es claramente el rey (24 firmas entre las 100). Los tres gigantes que encabezan la clasificación son Apple (693.220 millones de euros), Google (552.000 millones €) y Microsoft (470.000 millones €). La única española que figura actualmente en el top 100 es Inditex (95.370 millones €).

Haciendo una retrospectiva, en 2009 el sector dominante era el del petróleo y las empresas chinas las más prometedoras. Las 100 marcas sumaban entonces un valor de 8 billones de euros. Hoy en día, con el panorama cambiado, las 100 que figuran duplican esa cifra alcanzando los 16,8 billones (65% compañías estadounidenses).

Pero más allá del valor bursátil de cada compañía y del valor estimado de marca, está lo que se pueda llegar a pagar en el mercado por un determinado negocio, que puede resultar en ocasiones imprevisible y desconcertador.

Un colegio de California, asesorado por el padre de uno de sus alumnos, invirtió 15.000 $ en la firma Snap (aplicaciones Snapchat, fotos tuneadas en Internet) en 2012 cuando estaba empezando y, unos años después, con su salida a bolsa, vendieron dos tercios de las acciones obteniendo unas ganancias de 24 millones de $. La compañía seguía sin generar beneficios, pero ya se valoraba en 34.000 millones de dólares. Por el contrario, en esas mismas fechas, se producía la venta de la histórica firma automovilística Opel, con sus 8 factorías en Europa (88 años perteneciendo a General Motors), al grupo PSA por tan sólo 2.200 millones, con lo que la comparativa de uno y otro caso para el ciudadano de a pie, no termina de entenderse.

En el ámbito nacional, la firma española La Nevera Roja (servicio y gestión online de comida a domicilio), creada con 20.000 € por 2 socios en el año 2010, fue vendida cinco años después por 80 millones de euros (ante la incredulidad de muchos analistas y de los propios fundadores y accionistas) a la firma alemana Rocket Internet y, esta a su vez, la ha revendido unos meses después  (en pleno declive del negocio) a la multinacional Just Eat por menos del 40% de lo que les costó, evidenciado que el precio de compra fue desmesurado. Otras firmas como Hawkers (venta de gafas de sol online y primera empresa española que vende también a través de twitter), creada con 3.000 euros en 2013 por 4 jóvenes de Elche, ha recibido ofertas de compra, según los propios socios, que rondan los 1.000 millones.

Así de ilógico es a veces el comportamiento del mercado. Por ello, muchos promotores y emprendedores se afanan en crear startups ingeniosas y con grandes expectativas para conseguir venderlas a los dos o tres años de funcionamiento por jugosas cifras millonarias, consiguiendo así sus particulares “pelotazos”, al estilo del fichaje “Dembele”. En cualquier caso, compradores y vendedores, deben tener presente siempre que, con las inversiones y especulaciones, hay que tener mucho cuidado. Ya lo decía Keynes: “Los mercados pueden ser irracionales más tiempo de lo que tú puedas ser solvente”.

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Comentarios (5)
Carmen López E. (no verificado)
28 Septiembre 2017 03:05 pm Responder

Resulta realmente interesante y sorprendente el asunto de las adquisiciones de empresas. En mi caso, por cuestiones profesionales, he podido observar que estas cuestiones no se limitan a las grandes compañías y también ocurren con industrias pymes más modestas, donde en los últimos años se han producido ventas muy sobrevaloradas o muy infravaloradas, a veces por decisiones internas interesadas o por asesoramientos externos poco acertados.

Pablo Pérez (no verificado)
28 Septiembre 2017 03:22 pm Responder

Muy interesante, me ha gustado la comparativa con el mercado futbolístico, que viene muy a cuento. Al final, los que suelen terminar pagando los platos rotos por las ineficiencias de los gestores, son los accionistas. Ahí está el histórico caso de Banesto en España, o el reciente del Banco Popular, vendido por un euro!! Eso sí que es saber hacer valoraciones.

29 Septiembre 2017 10:18 am Responder

Felicidades por el artículo Máximo. Ciertamente cuando se valoran empresas, es muy importante distinguir PRECIO de VALOR. El refranero popular anónimo dice que "solo el necio confunde precio con valor". A grandes rasgos, podríamos definir el PRECIO como el punto de equilibrio donde oferta y demanda se ponen de acuerdo en cerrar una transacción (como reflejan los precios de cotización de las acciones bursátiles en mercado), mientras que VALOR, aunque hay muchas metodologías para calcular éste, se define como la capacidad futura que tiene un negocio o proyecto de generar flujos de caja (método de descuentos de flujos de caja). Parece por tanto claro, que aquellas empresas cuyo VALOR sea superior al PRECIO, deberán ser compradas (o mantenidas en cartera), y aquellas donde el VALOR sea inferior al PRECIO deberán ser vendidas (o no entrar en ese valor). La teoría parece por tanto sencilla, pero es aquí donde radica el valor que aportan los gestores "VALUE" o que siguen una metodología de inversión por análisis fundamental (como Warren Buffet, que desde los años 60 presenta rentabilidades anuales del orden del 20%). El verdadero reto es ser capaces de proyectar a futuro (entre 5-10 años) los flujos de caja que generará un negocio o proyecto (así como estimar el crecimiento de éstos a perpetuidad-valor residual), así como los riesgos que pueden impactar en el negocio y hacer que esos potenciales flujos de caja no se hagan realidad, y por tanto teniendo la empresa un valor inferior. Y es aquí donde radica la diferencia entre los gestores excepcionales y los mediocres, la fiabilidad de su metodología/algoritmo para entender la generación de flujos de caja y su fiabilidad. Ciertamente, cualquier elemento intangible (por ejemplo una marca), debe de estar asociada a una generación de caja futura, así como otros intangibles. Recomendaría revisar el informe de Intebrand que habla de valores de marca. La compra de un futbolista como Neymar por 220 millones, deberá estar asociada por tanto, a elementos de generación de caja vía camisetas, venta de entradas, negociación derechos de TV, publicidad asociada, etc... Para aquellos interesados en profundizar en el tema de valoración, recomendaros profundizar en temas como Enteprise Value (EV) y Valor Intrínseco, valoración por descuento de flujos de caja y por múltiplos comparable, porque como alguien dijo alguna vez (Wilde): "Hoy en día el hombre conoce el precio de todo y el valor de nada", y es aquí donde radica lo importante...

Enrique Gragera... (no verificado)
2 Octubre 2017 09:43 am Responder

Interesante tanto el artículo como los comentarios posteriores. Como contable tengo que destacar el papel que esta disciplina puede jugar en el análisis de la situación económica y financiera de una empresa. Una adecuada contabilidad y un buen análisis de los estados contables, aportan información fundamental para decidir sobre la adquisición o no de una empresa.

Inocencio Arroy... (no verificado)
2 Octubre 2017 06:53 pm Responder

De nuevo el profesor Máximo nos pone el foco en la valoración de los negocios, y como tal negocio, no solo lo es la compra venta de empresas, o actividades productivas, sino también, un activo como el que puede ser un futbolista. En los comentarios ofrecidos por los distintos participantes en el debate, el Prof. Antonio Alcocer recoge hitos de gran importancia para comprender el alcance y uso de una adecuada valoración. De forma reiterada la máxima de que no es igual valor que precio se manifiesta de forma tozuda en todo ejercicio de valoración, como bien recoge el artículo del profesor Máximo Cortes el mercado está plagado de ejemplos de precios, y por ende, valoraciones que la realidad ha fulminado con los hechos, tanto por su escasa cuantía y su elevada materialización, Snap, o su elevada materialización y escasa cuantía, la Nevera Roja. Tampoco podemos menos que recordar la reciente absorción del Banco Popular por el Banco de Santander a 1 €, o las valoraciones de los activos dadas por buenas por el auditor, en la salida a bolsa de Bankia, y que seis meses después, el mismo auditor, no dio por buenas ante la formulación de cuentas anuales. No obstante todo lo anterior, y como bien apunta, el Prf Antonio Alcocer, solamente mediante el ejercicio de moderación y de reflexión que supone la aplicación de desarrolladas técnicas de valoración, podemos realizar una razonada toma de decisiones, moderando la incertidumbre que acompaña a todas esas importantes operaciones mercantiles, plagadas de urgencias y sentimientos viscerales y que nos llevan, a veces al éxito empresarial, o, a veces, al más profundo fracaso y ruina.

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