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MODELOS PARA INTEGRAR LAS TIC EN SIMULACIÓN CLÍNICA

Gleyvis Coro-Montanet Profesora de Universidad Blog ODONTOINNOVA Publicado 23 Octubre 2016

También en la simulación clínica las TIC pueden integrarse mal.

Algunos años de experiencia en la aplicación metodológica de ejercicios simulados y algunas lecturas concomitantes, han terminado por convencerme de que los avances en este sector recorren los mismos caminos descritos para la injertación dura y pura de cualquier tipo de nueva tecnología en cualquier escenario educativo.

En este vídeo donde Judi Harris explica el modelo TPACK se pronuncian dos frases de colección. En el minuto 2:02 un prestigioso arquitecto le pregunta a una pareja joven qué puede hacer por ellos en términos de diseño. La chica hurga en su bolso, saca un grifo y, colocándolo sobre la mesa, espeta: “Diseñar una casa en torno a esto”.

Después, en el minuto 3:25, la propia Harris afirma: “Cuando tienes un martillo nuevo y reluciente, cualquier cosa puede parecer un clavo”.

La última revolución tecnológica ha desarrollado -y desarrollará- innumerables artefactos útiles y esplendorosos alrededor de los cuales muchos profesores tendremos que construir una casa. Sólo que la compleja arquitectura de los modelos pedagógicos, en tanto procesos sociales, no se resuelve con tanta facilidad. Sólo que, en didáctica, un clavo puede resultar un boomerang, un arma de doble filo, un cañón humeante, dos clavos u otro martillo.

En el último mes, he tenido oportunidad de asistir a varias exposiciones sobre martillos nuevos y relucientes. Cada vez que me acerco a un objeto de este tipo, antes que indagar por las maravillosas prestaciones que seguramente ostenta, pregunto cuántos docentes o estudiantes trabajaron en el diseño de la herramienta. Las respuestas suelen ser desalentadoras, por evasivas e inexactas.

Por el momento, mi conclusión es esta: en los procesos de creación de útiles para la educación, abundan ingenieros y escasean profesores y estudiantes -y no sólo en las presentaciones y alharacas-. Escasean -es lo que más daño causa- en el trabajo de diseño.

Si establecemos un símil paralelo con el ejemplo que pone Harris -el de los jóvenes que piden una casa a la carta para su grifo-, un protocolo de trabajo eficaz indicaría que los docentes debían ser los jóvenes, el grifo la necesidad educativa previamente diagnosticada -o el objetivo escurridizo aquel que no se cumple- y el arquitecto debía ser el ingeniero.

Pero en la dura realidad académica nuestra de todos los días, ocurre que el docente es el arquitecto del vídeo que recibe, con cara de estupefacción, la misión de adaptar una casa a un grifo. Y, dentro del símil educativo, entiéndase por “casa” aquel entorno hecho de varios contextos, un clima, un sistema de objetivos y conocimientos, una o varias disciplinas, un currículo, unos tiempos y unos ritmos de asimilación de profesores y alumnos.

El modelo TPACK difundido por Harris y creado por Mishra y Koehler en 2006, tiene a su favor que privilegia la necesidad educativa y -aunque tardíamente para la educación- alerta sobre el problema de la adaptación inversa y dislocada de las TIC a los procesos escolares.

Verdad de Perogrullo, la definición del componente tecnológico como un saber añadido y listo para intersectarse con los componentes disciplinario y metodológico (o pedagógico), significó un importante parteaguas que identificaba y esclarecía la necesidad de un nuevo tipo de docente.

Modelo TPACK

Modelo TPACK. Mishra, P. y Koehler, M.J. (2006). Technological Pedagogical Content Knowledge. A new framework for teacher knowledge.

El problema del modelo fue su expresión un tanto reduccionista -pero utilísima para una rápida difusión-. Tal y como se observa en la figura, dentro de una línea de puntos discontinua que describe la inexactitud de los contextos, se establecía un marco de entendimiento para los componentes disciplinario (¿qué contenidos, temas, objetivos habrá que integrar?), pedagógico (¿cómo, con qué actividades, qué roles -de docentes o estudiantes-, qué tipo de evaluación?) y tecnológico (¿con qué recursos? Además de seleccionarlos y conocerlos). Y establecía un tipo de docente necesario, el portador de una suerte de conocimiento -señalado por la flecha- total: el tecnológico-pedagógico-disciplinario. Sin duda muy instrumental y bonito.

Personalmente, no tengo mucho que criticarle al modelo, salvo que se centre en exceso en la búsqueda de un tipo de profesor -o en las competencias de este-, en medio de la deconstrucción más grande del profesor como figura central y de la educación como cosa unidireccional que ha existido en la historia, propiciada precisamente por las nuevas tecnologías.

Un modelo que analiza más factores de contexto es el MITICA, de la Fundación Gabriel Piedrahita Uribe (FGPU). Como constructo latinoamericano responde, en gran medida, a las necesidades de la región. Al tanto de las dificultades de contexto y de la importancia, muchas veces contraproducentes de las mismas, MITICA incluye, a la cabeza, la variable Dirección Institucional (su estructura, cultura y liderazgo administrativo, pedagógico y técnico requerido para realizar los cambios necesarios), cuenta con los factores infraestructurales de recursos de hardware y de software necesarios y acompaña a alumnos y docentes con un coordinador o coordinadores en TIC; quizás porque asume, subrepticiamente, que las pretensiones del modelo TPACK en cuanto al profesor total, resultan un tanto excesivas para algunas regiones.

Este es su diagrama:

 Modelo MITICA

Tomado de Eduteka. Fundación Gabriel Piedrahita Uribe.

MITICA se define, a través de sus 5 ejes fundamentales, como un modelo de partida estructural que luego establece competencias específicas para cada uno de sus componentes.

Por su lado, SAMR es un modelo -creado por Rubén Puentedura- enfocado en la tecnología. Acaso sin aspirar a recetas, pero facilitándolas, Puentedura ha observado las etapas de desarrollo del gusanillo de las TIC y ha descrito, en resumen, su vida evolutiva mediante dos capas y cuatro niveles.

Modelo SAMR

Modelo SAMR de Rubén Puentedura.

De la sustitución a la redefinición, el progreso de la integración de las TIC se detalla con aparente simpleza y se enfoca desde la mejora inicial hacia la transformación que redefine tareas y modelos dentro del ecosistema educativo.

Lo más útil del modelo, a mi modo de ver, radica en su plasticidad o potencial readaptación a los diferentes perfiles de los centros, a sus diversos elementos contextuales, a las actividades u objetivos e incluso, si se quiere, adaptable incluso a la evolución de los recursos humanos. Todo ello, gracias al discreto encanto de una taxonomía que marca pautas cautelosas e invita, de varias maneras, a evolucionar.

Mi crítica, tanto SAMR como al modelo MITICA, rebasa las posibilidades de ambos dentro de su época y se ubica en una aspiración de futuro: contar con modelos que no sólo piensen en adaptar los estáticos edificios académicos a los nuevos grifos que van surgiendo, para que la integración no se vea tanto desde la adquisición: un centro que, a partir del producto, piense en la necesidad; sino que, a partir de una necesidad, idee y elabore el producto propio.

Sé que, por el momento, es cosa sumamente idílica, pero aspiremos a que, dentro de poco, no lo sea tanto.

Paralelamente, considero que cuando tenemos un nuevo simulador, un task trainer nuevo, una simulación digital, una aplicación para la simulación, debemos pensar primero en todas estas cosas.

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