UEM

ODONTOINNOVA

El blog de la innovación docente en Odontología

LA SEGURIDAD DEL PACIENTE

Gleyvis Coro-Montanet Profesora de Universidad Blog ODONTOINNOVA Publicado 03 Febrero 2018

Autores y amigos expertos que abogan por las prácticas tempranas de alumnos de ciencias biomédicas en pacientes me aseguran, con frecuencia, que con el debido control estas incursiones prematuras no comprometen al principio médico de “No dañar”.

Es de asombrarse.

El proceso de aprendizaje en el ámbito sanitario -pensamiento clínico, gestión operatoria, etc.- es tan complejo y poco controlable, que ni siquiera en los más fieles escenarios de simulación logra salir librado el material sintético de los simuladores. La ratio alumno/profesor ideal para una docencia personalizada y precisa sería 1/1. Esto es, contar con un entrenador para un aprendiz. Mi experiencia -en estos 17 años-, me dicta que en las contadas veces que tuve un solo alumno en una sesión operatoria simulada, la imprecisión y la mala praxis también hicieron de las suyas.

Es una tara de formación y de apreciación. Bien lo sabemos. Se da por supuesto que, si el alumno aprende a hacerlo bien con un simulador, aprenderá a hacerlo de modo seguro. Aunque el aprendizaje basado en simulación y la seguridad del paciente son conceptos en relación estrecha, no siempre la relación es tan estrecha. Y me explico: nuestra cultura didáctica se ha encargado de estigmatizar a tal punto al error, que huimos de él como de los ogros de los cuentos infantiles -con la misma indefensión, además-: al error lo multamos como profesores, lo ocultamos como alumnos, evitamos mencionarlo como personas, los ejercicios de entrenamiento se suelen detener cuando aparecen -y esto para no hablar de la nefasta relación que tenemos con el error en la vida profesional-. Después de tantos años de coexistir guardando tal distancia, no sabemos cómo proceder ni qué decir -salvo negarlo o disminuirlo- cuando, final y concretamente, se presenta.

El combate cuerpo a cuerpo con el error, implica verle bien el careto, tocarlo, olerlo, verlo venir, adivinarle las fintas. Ese encuentro cercano de primera clase -lo lamento por mis amigos expertos en prácticas tempranas con pacientes-, sólo es disfrutable y provechoso en los escenarios simulados.

De ahí que sería no una, sino dos o tres lástimas unísonas, que los ámbitos de aprendizaje por simulación no desarrollaran protocolos de identificación, evitación y tratamiento del error médico cada vez más peritas y frecuentes. Según la prensa más a la mano, el error clínico es la tercera causa de muerte en Estados Unidos, 250 000 estadounidenses mueren por esta causa según un estudio de la Universidad John Hopkins y más de 25 000 españoles en cifra insegura, porque no hay estudios precisos.  

La solución se ha buscado, con frecuencia, fuera de las universidades. Se ha aprendido a hacer consentimientos informados a base de reclamaciones legales. Actuando sobre el resultado y no sobre la causa. Los alumnos deben salir de las universidades y de los postgrados entrenados en la construcción de protocolos de asistencia, ejercitados en la evitación de errores de medicación, curtidos en la generación y manejo de listas de control o checklist, alertados sobre las causas de error -la falta de instrucción, la poca comunicación, la mala verificación- y duchos en cómo reaccionar de modo clínico y moral, cuando se presente.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook Share in LinkedIn
Comentarios
Deja un comentario