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Lejos de casa

Y "así", sin darme cuenta, llegué a un país y a una ciudad que no eran los míos.

El viaje había sido corto, tanto que no me hacía a la idea de estar lejos de casa, lo que si podía sentir era miedo. Miedo de haber tomado una mala decisión, o de que la decisión fuera buena pero la situación me superara.

Podía sentir la falta de seguridad que te da lo conocido: tu idioma, tu ciudad, tu familia y amigos... Todo era tan nuevo que podía sentir la llamada de un abismo al que no me atrevía a mirar. 

Pero, ¿acaso no es eso en lo que consiste la vida? Es como montar por primera vez en una montaña rusa, la atracción comienza a subir mientras la ansiedad y el miedo se mezclan dentro de ti. Y, cuando por fin cae, la adrenalina te inunda y te sientes imparable.

Así que decidí mirar finalmente al vacío pero, sabiendo que eso no sería suficiente, salté. Y "así", sin darme cuenta, empezó todo...

El comienzo (Más de una semana después...)

Jaime Mayoral Pérez Estudiante Blog Lejos de casa Published 07 October 2016

Han pasado doce días desde que llegué y aún no había sacado tiempo para escribir mi primer post, así que aquí lo tenéis, espero que os guste.

Mi nombre es Jaime, soy estudiante de cuarto curso de Periodismo, Comunicación Audiovisual y Comunicación Publicitaria en la Universidad Europea de Madrid, y voy a pasar un año de mi vida en Coventry, Reino Unido, de intercambio con una Beca Erasmus.

Salí de Madrid un domingo de final de septiembre, mi avión cerraba el embarque a las diez de la mañana, así que me tocó  levantarme a las seis y media para estar allí dos horas antes. Claro que, tras despedirme de mi madre y mi novia, me quedé solo con una hora y cuarto para llegar al embarque; tampoco me preocupaba, solo tenía que pasar el control de metales que estaba casi vacío. El problema es que nunca me acuerdo del control de documentación de la policía y, cuando llegué, había una cola que doblaba la esquina. Entre eso y que no te dicen la puerta de embarque hasta casi la hora de salida, perdí más de cuarenta minutos entre paradas y desplazamientos. Cuando por fin llegué, el embarque ya casi cerraba y había entrado casi todo el mundo. Menos cola...

Volaba con una compañía low cost, así que llevaba puestas las botas más grandes de mi armario y un buen abrigo a pesar del calor, hay que aprovechar cualquier truco para llevar lo más posible. El vuelo me costó casi setenta euros con la maleta de veinte kilos facturada, pero compensa cuando vas a pasar el año entero lejos de casa. Llevaba además una maleta de mano de diez kilos y una bandolera con el portátil y la cámara, siempre pienso que no me van a dejar pasar por el aeropuerto, pero hasta ahora he tenido mucha suerte.

Y así, tras solo dos horas de viaje, llegué a Birmingham. El cambio horario hacía que fueran casi las doce, así que, habiendo ganado tiempo, recogí mi maleta de la cinta transportadora y salí en busca de la parada del autobús. 

Miré en el móvil que autobús tenía que coger, la verdad es que no suelo mirar las cosas antes de salir, soy más de ir improvisando sobre la marcha. Había cambiado la tarjeta SIM en el avión por otra inglesa que pedí por correo, si no me habría salido por una pasta. 

El problema llegó cuando, después de esperar 25 minutos a que llegara el bus (solo hay uno cada media hora), me tuve que entender con el conductor. La conversación habría sido muy corta si hubiera llevado el cambio justo, 2.30£, pero las cosas nunca pueden ser tan fáciles, así que solo llevaba un billete de 10£. Me sentía como un indio tratando de hablar con él, había salido de Madrid con un B2 alto pensando que solo tenía que pulir un poco mi acento, ja... El conductor me dijo que tenía que pedir cambio en el aeropuerto, y claro está que él no me iba a esperar. No sabía que hacer, pero no estaba dispuesto a esperar media hora más para el siguiente, mi salvación llegó de la mano de una chica valenciana que iba detrás de mi, y que me identificó como español al momento. Ella tampoco llevaba el cambio justo, pero tenía un billete de 5£ y el conductor aceptó quedarse la diferencia.

Llevaba aún más maletas que yo y, tras colocarlo todo, empezamos a hablar. Los dos estábamos de Erasmus en la Universidad de Coventry, incluso habíamos volado en el mismo avión sin darnos cuenta. El tiempo pasó rápido y, al llegar a la estación de Pool Meadow, la ayudé a llevar sus maletas a su residencia, Priory Hall, muy cerca de de la universidad, y me dirigí a mi propia residencia, Singer Hall, algo más lejos.

Una rueda de maleta rota después y un gran susto cuando no conseguí palpar mi cartera entre tanto bolsillo, llegué a mi nueva casa. Un pequeño pueblo cerrado en el que los edificios de dos o tres plantas se alzaban cerca los unos de los otros, parecía un buen lugar para una nueva aventura...

 

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