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Deja que te cuente mi historia

Lo primero de todo, y antes de hablar sobre mi, es presentar a los verdaderos protagonistas de este blog: mis amigos. Personas con las que convivo y en las que me baso para crear un conjunto de personajes. Unos llegan y se van, otros se quedan un poco mas, algunos vuleven pasado un tiempo, y luego están los que siempre permanecen a tu lado. Ellos no existen, pero lo parece; y las historietas, anéctodas y problemas que cuentan pueden parecer pura ficción, pero como en las mejores películas...está basado en hechos reales. Y de mi solo decir que tengo 22 años y este año terminé la carrera de Periodismo

elemento (not verified)
5 February 2016 12:22 pm Reply

Si. Con la edad perdemos parte de la conexión con nuestro mundo interior, cuna de la imaginación... Pero a cambio, al crecer nuestra capacidad de comprensión del mundo exterior, podemos -si queremos- sustituir este mundo endógeno por el análisis y contemplación del exterior. De pequeño, no recuerdo que ni una sola vez me quedara extasiado viendo un atardecer, con sus colores y su magia, con su capacidad de transformar anodinas nubes de algodón en furiosos incendios. La bañera ya no es un océano, pero a cambio el océano ahora es real y no solo un sitio donde hacer castillos y unos metros donde rompen las olas. De pequeño, no recuerdo haberme quedado ni un solo rato contemplando los cambiantes colores del agua según la profundidad y la luz. Las escaleras ya no son montañas, porque ahora son las mismas montañas las que han reclamado su papel. Las hadas y los duendes siguen viviendo en el bosque. Ya no viven en mi cabeza, pero la última vez que fui a un bosque vi dos cervatillos corriendo entre las hayas... No eran duendes mágicos, sino animales reales, pero la sensación era exactamente la misma. ¿Alguna vez te ha mirado un ciervo o un corzo a los ojos? Es magia, pura magia. Nuestros juguetes de niño acumularon polvo, pero solo porque los cambiamos por otros juguetes. El juguete de aprender, el juguete del teléfono, el coche, la ropa, el correo electrónico o el blog... No todo está perdido, solo cambiado. Y todo ha cambiado porque nosotros cambiamos. Ahora, solo falta encontrar donde se han recolocado todas esas cosas. Porque todo está ahi, nada se ha ido. Te lo dice uno que aún conserva en su bañera un patito de goma amarillo, una foca que nada si le das cuerda, en su despacho una canasta pequeñita sobre la puerta, una diana con dardos de punta de plástico, un palo de golf de esos para jugar en casa y muchos, muchos libros... Ahora, ¡elige! ¿Qué prefieres? ¿jugar con la melancolía y mirar hacia atrás para comprobar cómo se aleja tu infancia o hacer recuento de lo que no quieres perder y dedicarte a buscar en tu presente y tu futuro todas esas cosas y sentimientos? Lo esencial no cambia, cambia su representación. ¡Ánimo! Tu felicidad está ahí fuera... :-)

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