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Club de ArquiLectura

"Hay muchas veces libros sin Doctor que los lea; hay también otras Doctores que carecen de Libros: lo uno y lo otro es perjudicial en la República, y así en la Arquitectura si no se leen son superfluos los Libros". (Juan Caramuel, 1678)

VUELTA AL ORIGEN

Carlos Javier Irisarri Martínez Profesor de Deontología e Historia del Arte y Arquitectura Blog Club de ArquiLectura Published 01 August 2013

Ya es una costumbre consolidada que el libro de cada verano sea una recomendación de Fernando Espuelas, que puntual a su cita sabe como nadie sugerirnos títulos fuertemente inspiradores a la vez que absolutamente deliciosos.

 

 

 

 

 

 

Esta vez Fernando propone una lectura doble, de la que me quedo con la mitad (y la otra la reservo para más adelante, por razones inconfesables). Y esta mitad es uno de esos libros que se “vende” solo, como se suele decir, dado el carácter mítico que ha alcanzado. Se trata de Walden, la obra más conocida de Henry David Thoreau, inconformista radical, cuyo modo de pensar fue muy por delante de su tiempo, ciertamente, y que ha sido objeto de multitud de ediciones. De hecho, hay tantas disponibles en la actualidad -tanto en inglés como en traducción al castellano- que he optado por seleccionar la portada de su primera edición, como origen de todas ellas, y que el lector se haga con la que tenga más a mano.

 

Para quien no lo sepa: Thoreau se retiró a vivir en la naturaleza, en una cabaña levantada por él mismo junto al lago Walden, buscando una subsistencia autosuficiente y tratando de encontrarse con la esencia del ser humano; su experimento duró dos años, dos meses y dos días, fruto del cual fue este volumen, en el que el autor vuelca las reflexiones inspiradas en la soledad de su refugio.

 

Es seguro que el lector encontrará en este libro motivación no sólo para disfrutar, sino también para cavilar, pues la exaltación de lo esencial y la renuncia a lo superfluo (que ya es bastante, y la Arquitectura actual es buena muestra de la necesidad de esta austeridad vital) es sólo la superficie de un laberinto de consecuencias sobre las que la reflexión es obligada. Me quedo con una, como invitación, y es la idea de la supremacía que tiene la forma de aprehender un hecho frente a la objetividad del hecho mismo.

 

Thoreau fue uno más de los amigos habituales de Ralph Waldo Emerson (mitos como Whitman, Melville, Alcott, Hawthorne, el sorprendente Norton,…, invitados permanentes a su casa de Concord), quien precisamente le prestó los terrenos junto a Walden. Ello le hace integrante de lo que se ha llamado el grupo de los excéntricos, o club de los trascendentalitas. Sin duda, cualquiera de esas etiquetas le cuadra perfectamente.

 

Buenas vacaciones a todos, llenas de arquilecturas.

 

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