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La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa

Temas de actualidad económica y empresarial nacional e internacional, organización, dirección y estrategia empresarial, panorama y nuevas tendencias en los negocios, emprendimiento, capital humano.

¿EMPIEZA LA "DESGLOBALIZACIÓN" O UNA NUEVA "GLOBALIZACIÓN"?

Máximo Cortés Navajas Prof. Dr. D. Empresa Blog La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa Published 01 March 2017

Desde hace unos ya unos cuantos años, no se para de hablar de la globalización económica y cultural, como un proceso imparable y determinante que ha hecho que, la forma de entender los negocios a nivel planetario y de interpretar a la propia sociedad y el orden mundial en sí, hayan ido adquiriendo nuevas dimensiones… ¿Se está frenando ahora ese proceso? ¿Se vuelve otra vez al recelo respecto a todo lo que no sea autóctono o local? ¿Está en auge de nuevo, el llamado “proteccionismo”?

La irrupción de la figura de Donald Trump al mando del país más influyente, ha resucitado esos resquemores y, ya son muchos observadores, los que opinan que la manida globalización, se está desinflando. El Brexit (amparado en la intención de retornar en distintos ámbitos a los valores tradicionales puramente británicos), es otra circunstancia que parece dar la razón a los que así lo ven. A esto, hay que añadir que, varios acuerdos de libre comercio que estaban en proyecto, parecen estancados y sin visos de llegar a buen puerto. Además, otras potencias como Rusia, China e incluso el propio Japón en algunos casos, prefieren seguir haciendo la guerra por su cuenta, sin tener presentes convenios y tratados internacionales ni estar interesados en participar o promover acciones colaborativas entre los distintos estados.

El escenario de absoluta interrelación entre culturas y de apertura de fronteras, que vaticinaba un futuro donde no habría apenas barreras ni distancias entre los países y continentes,  ahora no se ve tan claro y se cuestionan muchos aspectos. La situación de terrorismo internacional, los movimientos migratorios y la crisis de refugiados, las diferencias de prestaciones de unos países respecto a otros y, el temor a la competencia agresiva de las economías emergentes o ya emergidas, son algunos de los principales factores que pueden explicar las posturas que postulan por una defensa de la identidad y productividad propias de cada nación, para hacer frente a diversas situaciones consideradas como invasoras, que puedan perjudicar o menoscabar los intereses particulares de carácter económico y social.

Los últimos y sonados movimientos proteccionistas, que ponen en duda el futuro progreso de la globalización, provienen ahora de países como Estados Unidos. Se puede pensar que no es una cuestión circunstancial, particularizada en la figura de su Presidente, pues no se puede obviar que detrás de Donald Trump, hay una buena cantidad de personas (por eso está donde está) y entidades que comparten sus ideas y principios, al menos en este asunto.

Pero, si nos atenemos a los datos publicados por la OMC y de los que se han hecho eco varios medios de comunicación, no es precisamente EE. UU. la nación históricamente más perjudicada por la globalización. Tras China, nominada como la gran fábrica del mundo y que ha triplicado sus exportaciones en once años (con frenazo desde el 2015 y crisis interna estructural incluida),  el país más exportador últimamente, consolidando el segundo puesto y superando a Alemania, es el gigante americano. Sin embargo, la propia Unión Europea, Japón, Corea, y Arabia Saudí, no han tenido ni mucho menos ese ritmo de crecimiento, por lo que la globalización no les ha repercutido con el mismo impacto.

Además, las mejores marcas americanas (ver post: “La marca tenía un precio”: ) como Google, Apple, Microsoft, AT & T, Visa… aparecen copando los primeros puestos en el ranking de marcas globales con mayor valor, con estimaciones en algunos casos superiores a los 200.000 millones de dólares. Si nos atenemos a un reciente estudio realizado por la Fundación Global Justice Now (basado en datos como los publicados en el ranking Fortune Global 500), existen varias corporaciones cuya facturación es superior al producto interior bruto de muchos países (en concreto, 69 empresas están entre las 100 entidades económicas mayores del mundo, incluyendo todas las naciones); entre ellas, firmas estadounidenses como Walmart (más de 480.000 millones de dólares de facturación), Exxon Mobil o Apple.

En ese informe, el país Estados Unidos figura como la entidad económica más grande a nivel mundial. Sus beneficios alcanzan al nivel más alto en ocho décadas en proporción a la riqueza nacional, debido al dominio de firmas punteras del sector tecnológico, como son Apple, Google, Microsoft, Amazon o Facebook, que ocupan los puestos más altos del índice bursátil S&P 500; las cinco están en la cúspide, gracias entre otros factores por su capacidad de reinvención para anular la competencia. En cuanto a cotización bursátil, según datos aportados por la firma consultora PwC, entre las 100 compañías con mayor valor mundial, 54 son de EE. UU.  frente a 11 de China.

Por tanto, no se puede decir que a la economía estadounidense y a sus empresas les perjudique precisamente la globalización, al menos si tenemos en cuenta los datos que se manejan, a pesar, eso sí, del recelo y preocupación ante el crecimiento compulsivo y a veces improvisado de la industria china.

Resulta difícil pensar que, las interdependencias entre las economías, el comercio internacional, el turismo y el colaboracionismo institucional mundial van a sufrir en un futuro cercano un serio retroceso. Y, más difícil pensar que, las grandes multinacionales, con las norteamericanas a la cabeza, van a cesar en su empeño de operar por todo el orbe, colocando sus marcas y productos en cualquier hogar del planeta tierra, aprovechando que los gustos y hábitos de consumo de cada zona, son cada vez más homogéneos. El comercio internacional sigue las reglas de “donde las dan, las toman”. Si un determinado país pone barreras y trabas, lógicamente deberá esperar represalias y podría ser correspondido de la misma manera, por lo que habría que valorar si las medidas proteccionistas compensan y cuáles serían sus efectos colaterales.

Por tanto, la globalización deberá seguir su curso natural (los países estarán condenados a entenderse, a complementarse, a interaccionar), con sus vaivenes derivados de cuestiones políticas y sociales. Quizá, donde sí entremos, es en una nueva globalización, más condicionada y matizada, dentro de un escenario diferente donde las aplicaciones tecnológicas y las nuevas mentalidades de las generaciones venideras, tendrán, sin duda, especial influencia y protagonismo.

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Comments (5)
Lucía Sánchez (not verified)
13 March 2017 05:09 pm Reply

Con estas cuestiones que se comentan en el artículo. terminas por reflexionar y darte cuenta de los bandazos que se producen en la estructura social y económica, sujetas a todo tipo de influencias e intereses políticos, ideológicos y monetarios: primero fue el proteccionismo, luego liberación económica y globalización, ahora desglobalización, y después, a saber. En el caso de la Unión Europea, el problema no es ya sólo el Brexit, sino el efecto imitación en otros países como por ejemplo Holanda, que dependiendo del gobierno que salga en sus elecciones, puede seguir el mismo camino (y así otros países), por lo que el panorama no es nada alentador.

Gustavo Rodríguez (not verified)
16 March 2017 12:15 pm Reply

Tal y como señala Máximo, el proceso de globalización de los mercados ha sufrido serios reveses con el Brexit y la victoria de Trump. Desconocemos si estamos en la antesala de una fase de “desglobalización”, pero al menos estamos en un período de ralentización. Multinacionales y Think Tanks liberales pelearan por frenar los aires proteccionistas de la administración Trump y de candidatos de la extrema derecha europea que están canalizado el descontento de los “perdedores” de la apertura de los mercados. Estamos en una fase que a mi entender debería de ser de profunda reflexión y análisis. La globalización ha beneficiado a muchos, pero ha generado desequilibrios que explican la situación actual. Mientras tanto las grandes corporaciones siguen creciendo y fusionándose, limitando la competencia, uno de los grandes beneficios de la globalización.

Joaquín Galván ... (not verified)
17 March 2017 11:50 am Reply

Históricamente, el proceso de levantamiento de barreras comerciales entre los diferentes países, siempre ha traído recelos para los productores que ostentan una posición de privilegio. Un ejemplo significativo lo tenemos en nuestro país, con las medidas proteccionistas de Cánovas del Castillo, que protegerían principalmente a la industria catalana. El proceso de globalización ha permitido en los últimos años que las economías asiáticas, principalmente, adquieran un papel preponderante en la economía mundial, reduciéndose los niveles de pobreza mundial de forma espectacular. Cuando todos jugamos con las mismas reglas, el partido tiende a igualarse El resultado para Europa, no es tan bueno, ya que el centro de gravedad de la economía mundial se va desplazando hacia Asia y las tradicionales potencias europeas van camino de la irrelevancia. Ese es el precio a pagar por la globalización, aunque puede considerarse justo. Los Estados Unidos, tal vez paradójocamente, han resistido mucho mejor. Entre otras cosas, las empresas más importantes del mundo por capitalización bursátil son estadounidenses, han surgido principalmente desde la segunda mitad del siglo veinte -algunas, dentro de este siglo-, tienen fundadores vivos -a veces, casi insultantemente jóvenes- y una arrolladora preponderancia en sus mercados -en ocasiones, casi monopolística,como es el caso de Google-. La tecnología ha permitido a los EE.UU. mantener su destacada posición. No obstante, esto no garantiza el futuro, y el proceso relevo de empresas a la cabeza del mundo se va acelerando. La economía estadounidense que, de cualquier modo, ha sido tradicionalmente proteccionista también ve amenazados sus sectores tradicionales y los protege. Esto produce un rédito electoral, pero no sólo eso, ya que la amenaza a sus empresas por parte nuevos entrantes -aunque por ahora parece conjurada- no está garantizada en el futuro.

Néstor R. Sanchís (not verified)
23 March 2017 11:22 am Reply

Pienso que la globalización ha podido servir en algunos casos puntuales, para homogeneizar más los hábitos de consumo y las marcas de productos preferidos a nivel internacional, pero lo que está claro es que hay zonas y áreas del planeta en las que va a ser muy difícil que la población y los que los gobiernan, modifiquen su idiosincrasia, sus actitudes y su forma de entender y encarar las cosas, por lo que las diferencias y las desigualdades entre países y continentes probablemente seguirán acentuándose. Gracias por el interesante artículo!

Edmund S. Phelps (not verified)
4 November 2017 08:37 pm Reply

tras leer el blog, Pablo de Juan, Arnau Merenciano,y Emilio Yoshihiro pensamos que es un hecho que se está produciendo un proceso de desglobalización; y no es algo que haya empezado con los decretos proteccionistas de Trump ni con el brexit, sino que viene de antes. Tras la crisis económica, la globalización comercial ha puesto la marcha atrás; según el Banco Mundial en la década de los sesenta el comercio representaba, de promedio, el 12% del PIB global; en 2008 llegó casi al 30% y actualmente representa poco menos del 20%. Debido a que la economía ha empeorado en el centro de cada nación desarrollada, llevando a el empobrecimiento de la clase media, gobiernos nacionalistas apoyados por la idea de cesar la colaboración y contribución internacional para centrarse en el enriquecimiento y mejora de cada país propio han ido surgiendo. En el Reino Unido el movimiento del Brexit se llevó a cabo bajo el concepto de que “la UE no era capaz de resolver los problemas surgidos desde la crisis del 2008 de manera eficiente” como por ejemplo la alta tasa de desempleo en el sur de Europa y por ello se votó abandonarla con la esperanza de que entre otras cosas, el país prosperaría económicamente. En Estados Unidos el recién electo presidente Donald Trump también está llevando a cabo una política de poca colaboración internacional con cierre de fronteras a refugiados o el abandono del tratado de París porque “es un tratado injusto, que a países como India o China no sanciona ni obliga hasta 2030”. Por último a esta ola Independentista se une la comunidad autónoma española de Cataluña la cual está intentando conseguir su independentismo también bajo el fundamento de que prosperaría económicamente si fuese libre, ya que la globalización “tiende a empujar los sueldos a la baja” y “disminuir la riqueza para hacer mas competitiva la economía nacional”

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