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ODONTOINNOVA

El blog de la innovación docente en Odontología

HERRAMIENTAS AUDIOVISUALES (generación de vídeos tutoriales subtitulados). HISTORIA DE UNA PROEZA

Gleyvis Coro-Montanet Profesora de Universidad Blog ODONTOINNOVA Published 29 May 2016

Una vez sacada la boca de la boca –por medio de prácticas háptico/virtuales magnificadas- se nos ocurrió sacar al estudiante de la boca.

Cualquiera que tenga cierto terreno andado en esto de asistir aprendizajes en odontología, podría catalogar de descabellado el punch introductorio. Pero quien se haya detenido a estudiar, con acento medianamente crítico, el modelo de aprendizaje tradicional en nuestra especialidad, sabrá que sí, que es cierto: que formamos -y nos hemos formado- en la repetición obcecada de maniobras psicomotrices finas, contentos de que sean cada vez más finas y cada vez más obcecadas.

Sin embargo, el alumno que transita del ámbito preclínico al clínico, que ha hecho músculo y callo seco en el uso de turbinas, matrices, pistolitas, alicates, bisturíes, lamparitas, etcétera, le corresponderá, en su primer día de clínica, enfrentarse a esa avalancha biopsicosocial, ideológica, económica, es decir, esa tromba indetenible que es el trabajo con personas altas, bajitas, jóvenes, mayores, contentas, deprimidas, alegres, nostálgicas, traumatizadas, azoradas, dichosas… en fin… ese cosmos que es la práctica asistencial temprana, que es el trabajo en equipo, el trabajo interprofesional y, finalmente, cubrirá el más azaroso de los ejercicios: el contacto con el paciente: la cuarta pared de nuestro ejercicio, la incógnita más descomunal, porque ¿quién conoce jamás a un paciente?

De las experiencias concretas de sacar al estudiante de la boca-de-lobo que es el aprendizaje cognitivo/psicomotriz acentuado, hablaremos en otro post.

Antes, le corresponde a la primera tarea que llevamos a cabo para iniciar aquella controvertida gesta, y que tuvo más de gesta aún, si cabe: generar una –muy seductora- serie de 4 vídeos tutoriales, grabados mediante Screen-O-Matic, una herramienta gratuita –hasta cierto punto-, migrar de la aldeíta 1.0 del tutorial impreso a la metrópoli 2.0 del audiovisual visitable, descargable, archivable, likeable y linkeable –en modo oculto- y tan bien recibido por nuestros –siempre diversos- alumnos, esos nativillos digitales de cada día.

El proceso, por la severidad de su contenido, debía correr a cargo de los profesores. Seguimos, más o menos, el algoritmo que conocíamos, descrito en post anterior. Redactamos nuestros guiones: las odontopediatras de un lado. Yo, como restaurata, del otro. Y un equipo sabichoso de expertos en el tema –Daniel Bellvert/Itziar Alonso- aportando su experiencia en forma de guión. Y las propias odontopediatras, expertas en lo suyo. Que chicas más completas, válgame Dios.

Mi producto audiovisual surgió primero, entusiasmada con el invento –si es que existe algo a lo que se le pueda llamar todavía invento- del screencast, grabé en la pantalla de ordenador y le superpuse voz (Audacity) mediante la versión gratuita –de un mes- de un Camtasia –como se verá, por nuestras estrategias, el presupuesto era corto. Lo primero que aprendí al llegar al mundo europeo fue que, también aquí, el presupuesto es corto-. Luego pasé la patata caliente a Víctor (Díaz-Flores), que con sus modernos sistemas –sí, todavía hay cosas a las que se les puede llamar modernas- editó, como de película, los 3 vídeos.

Pero el paraguas se trabó con las odontopediatras. Entrenadas por mí –menuda entrenadora- con mi ordenador –menudo ordenador-, grabaron por secuencias una parte. Mientras otra profesora, sin screencast, Montse (Diéguez), grabó por pantallazos la otra parte. Y le integró la voz en un Prezzi.

Por mi parte, pensaba que esa parte del trabajo ya había sido unificada. Y cuando, hacia el final del semestre, se nos ocurrió sacar a los estudiantes de la boca, nos encontramos con el obstáculo de dos trozos incompatibles que había que pasar a Víctor, instalado en la perfecta –por mí desconocida- estructura del Wetransfer, pero sin acceso a Prezzi.

Para entonces yo tenía el ordenador de mesa colapsado por un Sony Vegas que le hizo estallar, y un ordenador institucional nuevo, pero “capado”, que no dejaba bajarme un convertidor de ningún tipo. Me quedaba, sí, mi viejo ordenador con un Screen-o-Matic prehistórico, casi perestroiko –me matan y no recuerdo por qué no me baje allí mismo un converter, quizás porque no hay nada que convierta a un Prezzi en otra cosa distinta de un Prezzi.

Suerte que había, de por medio, un oasis de Semana Santa. En la mitad del mismo, tirando y recibiendo con Montse por Whatsapp, recibí de su parte el archivo -compartido por Dropbox- y –sé que es muy fuerte, agárrense-, grabando desde la pantalla del viejo ordenador el cursar del Prezzi, lo convertí a Avi.

El problema que quedaba era, entonces, ¿cómo integrarlo? Mi Camtasia había vencido su mes de gratuidad, el ordenador de mesa seguía colapsado y el viejo ordenador era tan viejo –o tan adelantado a su tiempo- que no traía ni un Windows Movie Maker.

No era ese, ni con mucho, el único obstáculo: días antes, al conversar del asunto con la jefe de departamento, ella me había hecho notar un demoledor defecto que jamás preví: los vídeos estaban grabados -en su totalidad- en castellano. ¿Y nuestros alumnos de habla inglesa? Me preguntó, dubitativa. Conmocioné. Salí disparada de su oficina. Busqué mi canal de YouTube y los dioses fueron misericordiosos: claro que sí: YouTube permitía subtitular en inglés. Compartí el hallazgo con la jefa y su respuesta fue corta, pero contundente: Genial. Si logras hacerlo con todos, vía libre.

De ahí mi toma de contacto posterior con las odontólogas bilingües: Ana (de la Hoz) y Natalia (García-Moneo). A la primera no le convenció –como es lógico- la traducción automática. Debí hundirme entonces en las tripas de YouTube, sacarle de los tuétanos el subtitulaje en castellano –fue arduo, por Dios que lo fue, porque había que editarlo casi todo, pero también fue bueno-, porque la bendita herramienta me ofrecía los subtítulos en español por minutos: perfectos para copiar en Word y enviarlos a las traductoras.

Gracias a ello -y a su implicación-, Ana, además de traducir, me dijo: envíame los dos eslabones perdidos del vídeo de Odontopediatría. Estábamos en la misma mitad de la Semana Santa, época de asueto donde las haya. Y Ana logró, con un programa de la Mac –ni sé cuál-, juntar los extremos irreconciliables, apaciguar las aguas turbulentas que nos arrastraban a la derrota. Tiempo después –mientras comíamos en el A- me contó que había sido una satisfacción personal muy grande aquel logro-TIC.

Natalia veraneaba en un lugar retirado del planeta Tierra y su conectividad era intermitente y lenta cuando le pasé los subtítulos del último vídeo. Que tradujo, la muy crack, en su teléfono inteligente.

Después de aquello, integrar las correctas traducciones a los vídeos, fue cosa de cantar y coser.

A la vuelta de Semana Santa, los estudiantes encontraron 4 vídeos bastante chulos, subtitulados y disponibles en su Moodle, producciones originales que exudaban, por cada segundo, un maravilloso -no se me ocurre otro modo de llamarlo- sudor docente.

Valga este post como merecido reconocimiento a todos los involucrados.

 

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Comments (1)
31 May 2016 04:43 am Reply

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