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ODONTOINNOVA

El blog de la innovación docente en Odontología

Cómo hacer talleres de habilidades en una sesión de simulación clínica con principios didácticos más modernos.

Gleyvis Coro-Montanet Profesora de Universidad Blog ODONTOINNOVA Published 25 March 2018

Los talleres de habilidades, también llamados ejercicios técnicos o de procedimientos, suelen ser considerados las formas menores o menos vistosas dentro de las modalidades de simulación clínica.

Ubicados en las mismas secciones jerárquicas de la pirámide de Miller (saber cómo/demostrar/hacer) que las tipologías activas más avanzadas y situados, también, en la base más experiencial y ardua de la pirámide de Dale (aprender haciendo, modelar, simular, representar, convertir en experiencia vívida lo que se intenta aprender), los talleres de habilidades no tienen nada que envidiar, en cuanto a poder metodológico y repercusión educativa, a sus homólogos más renombrados.

El desarrollo de las nuevas tecnologías ha posibilitado el surgimiento y la proliferación de espacios híbridos de aprendizaje en los que las maniobras clásicas (aprender a suturar, medir tensión arterial, hacer una reanimación cardiopulmonar o un tallado de una superficie dentaria) han podido enriquecerse exponencialmente con visualidades y mundos inmersivos que benefician el aprendizaje (cientos de lupas, varios tipos de magnificación, multiplicidad de cámaras para grabar los procedimientos y, con esto, posibilidad de obtener evidencias concretas de un antes, un durante y un después de la operación), elevan a niveles altos el realismo o la percepción de realismo de la sesión y permiten tasar, con más exactitud, los procesos.

Así, se multiplican las posibilidades didácticas de los otrora aburridos salones de habilidades, cerrando la brecha que separaba lo que era puramente un objetivo técnico de lo que es un elevado y elegante objetivo competencial. Sobre todo, porque la integración de espacios y objetos permite la integración, acaso más sutil, de objetivos de conocimiento mucho más ambiciosos.

A la ganancia de nuevos planos de desarrollo por la combinación de modelos históricamente analógicos con equipos digitales, se suma la proliferación en el mercado de simuladores de tareas (task trainers) muy variados, con precios bastante asequibles, con partes sustituibles y recambios que alargan y multiplican su utilidad. Y se suma la posibilidad real de salvar los escollos de la falta de experiencia previa que puede existir en los novatos, enfocando los puntos más neurálgicos de estos procederes con una lectura documental dinámica de fácil y rápido consumo, con apoyo en las mismas tecnologías.

Esta orientación directa a los objetivos y hacia la evolución de los modos de aprender en los talleres de habilidades había llegado a plantear el siguiente modelo de entrenamiento:

En 2006 un psicólogo llamado Anders Ericsson desarrolló varios estudios avalando el concepto de práctica deliberada, a la que definió como una teoría fundamentada en aquellas características de la práctica que desarrollaran la pericia necesaria para lograr el grado de experto.

Las consideraciones de Ericsson han sido muy discutidas desde entonces -para explicar el proceso de transición de novato a experto estableció la necesidad de un promedio de 10 años de entrenamiento o diez mil horas de prácticas-. Pero también han sido globalmente asimiladas.

Soslayando las tendencias triunfalistas y las lecturas más encarnecidas de sus postulados, bien es cierto que los planteamientos de Ericsson tienden menos a la originalidad que a la reafirmación (o recopilación) de estrategias de entrenamiento ejecutadas y testadas por siglos en el aprendizaje de las habilidades cognitivas y psicomotrices y que, por lo mismo del desarrollo de los soportes tecnológicos, pueden atenderse ahora con más comodidad.

El ciclo de la práctica deliberada describe cuatro componentes de presencia nada novedosa: Objetivos concretos + Repetición + Retroalimentación + Motivación intrínseca y extrínseca. Y se apoya, sobre todo, en el modelo de aprendizaje motor de Fitts y Posner (1967).

Tratando de ser más instrumentales, a la luz de la literatura revisada y de nuestra experiencia en este ámbito, nos permitimos trazar la siguiente directriz para la realización de talleres de habilidades, desde el punto de vista docente.

 

 

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