UEM

ODONTOINNOVA

El blog de la innovación docente en Odontología

El maestro y la distancia

Gleyvis Profesora de Universidad Blog ODONTOINNOVA Publicado 31 Agosto 2015

Para los docentes que vacacionamos en el mes de agosto, asistir al seminario "Educación y Políticas TIC. Los Sistemas Educativos en Contextos de Inmersión Tecnológica", organizado por el Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE) y la sede regional de la UNESCO argentinos, viene a ser una forma de observar -sin las presiones que impone el calendario lectivo- lo que hacemos con el valor añadido de esta vieja cosa, tan en boom ahora: la distancia.

Como mismo Woolf (Virginia) elogiaba/añoraba la preeminencia de una mirada extraterrestre en los actos de creación, el profesor de alguna experiencia -en años o en sistemáticas educativas- termina por desear y agradecer las perspectivas multiangulares de observación y gestión del fenómeno docente. La visión de los otros, beneficiada por la rarefacción que imponen los contextos, las políticas y las economías de la otredad, puede derivar en un útil compendio de nuevas, interesantes y asimilables prácticas que la diferencia nos hace ver de mejor manera. Yo diría que nos lleva a mirar, con ojos hambrientos, hacia el exterior pintoresco y después, en el retorno, asimilar con nuevos ojos el interior de nuestro patio pedagógico. Lo digo porque, del cónclave, todavía disponible en Internet, el profesor asistente saca puras y estimables experiencias que caen como lluvia sobre la conciencia del verano de turno y su abulia. Toparse con iniciativas que buscan solucionar las múltiples brechas digitales, los analfabetismos emergentes; conocer cuánto coinciden estadísticamente ciertas acciones de los gobiernos con ciertos resultados en las aulas; descubrir la saga de gente que aporta y aporta y aporta a la educación; copiar los uerreeles de sus distantes pero digitales presencias; llevarse a la agenda los sustantivos Siemens y Piscitelli; reconocer al experto aquel que vino a la UE a hablar de aplicaciones; ponerle rostro y estatura a la investigadora de quien leímos tantos papers en el máster; dolerte de las cifras que muestran el retroceso -por asfixia crónica- en el país donde naciste y consolarte, al cabo, porque ese cono sur con forma de corazón desencajado y sus pedazos adyacentes -que dista un Atlántico y un boleto de avión carísimo- vale toda la pena y la sed sentimental que nos produce.

Compartir en Twitter Compartir en Facebook Share in LinkedIn
Comentarios
Deja un comentario