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Música en la UE

No disparen contra el pianista

José Sanchez-Sanz Profesor del área de música de la Universidad Europea Blog Música en la UE Publicado 20 Marzo 2017

Me gustan las películas de Jacques Audiard, personajes duros con sentimientos extremos que se mueven en entornos cotidianos que se vuelven hostiles y en los que la supervivencia se convierte en una necesidad, como si se tratara de animales en su entorno natural, que es lo que somos realmente las personas. Puede que alguien que lea este texto me comente que ya tocaba, pero recientemente he visto la película de este director de la que siempre me llamó la atención su título De latir mi corazón se ha parado (De battre mon coueur ses’t arrêté). Desde el 2005 ya he podido tener tiempo para verla, pero todo tiene su momento, sobre todo teniendo en cuenta que es una película que no es fácil de encontrar en la programación habitual de las televisiones.

Mi interés venía sobre todo por el título, un esbozo que contiene cierta poesía en su expresión y que me atrajo para ver qué había dentro de un reclamo verbal tan atractivo. A la hora de la verdad me encontré con algo que no tenía previsto y que me ha dado pie a escribir esta entrada en este blog en modo crítica cinematográfica.

De latir mi corazón se ha parado es una historia que se refleja en dos instantes, dos giros en la vida de un personaje, dos visiones furtivas que le llevan a debatirse entre dos posiciones vitales. Un corazón dividido entre dos mundos completamente opuestos, dos pasiones enfrentadas en un campo de batalla que es el día a día del protagonista, Thomas. Una parte de la ecuación está representada por un padre amante del dinero y del negocio sucio inmobiliario, justo en el momento en el que la especulación en ese campo iba viento en popa y en el que se ataban los perros con longaniza. En el momento en el que las subprime eran un gran negocio y en el que nos despertábamos cada mañana con ese mantra que nos decía que “las casas no iban a dejar de subir de precio”. Por otro lado está una madre ausente, fallecida. Ella sepultó tras su desaparición una de las pasiones de la infancia de Thomas, la música, encarnada ésta en su instrumento, el piano. Durante los primeros minutos de la película no somos conscientes de esta faceta de Thomas oculto tras la violencia de sus prácticas y de su ambición por el dinero obtenido de forma especulativa. Los movimientos del personaje no nos muestran a un artista, más bien todo lo contrario, un ser con un punto despreciable, agresivo, falto absolutamente de sensibilidad, de cualquier sensibilidad, sobre todo de la creativa.

Un encuentro furtivo con el manager de su madre, un encuentro que Thomas fuerza dejándose llevar por su propio inconsciente le llevan a reencontrarse con una vía de escape de un mundo en el que se encuentra prisionero y del que parece imposible salir. Es el mundo del dinero, del triunfo, de las noches de infinita fiesta y del sexo con mujeres desconocidas. Pero algo se quiebra en su mente en ese momento. El recuerdo de la madre, la promesa por parte del representante de una audición van a ser el primer punto de giro de la historia. A partir de ahí, el piano se convierte en esa forma de expresión que le abstrae de un mundo de dinero, golpes y traiciones. La Toccata y fuga en mi menor de Bach (obra que yo tocaba en mis tiempos de estudiante de piano) va a ser por un lado una obsesión y por otro un punto de fuga. Thomas es un personaje típico de las películas de Audiard, es duro, agresivo, violento,implacable pero cuando mueve sus dedos y disfruta haciendo sonar la música, aunque sea de forma muda y en ambientes más cercanos al mundo de su padre, el del dinero, el del poder, el del placer, el del engaño, el de la mentira. Thomas se siente incomprendido en un ambiente que ve su decisión como un obstáculo en su carrera como especulador inmobiliario, esa carrera que le proporciona todos aquellos placeres que nuestra sociedad tanto destaca y que es la ambición de muchas personas. Tampoco entienden el que intercambie sus referentes paternos sustituyendo a su madre por su padre. Dejando a un lado una posible crítica feminista a esta asimilación de la sensibilidad a lo femenino y la agresividad y ambición a lo masculino (con cierta reminiscencia psicoanalítica), el tema de esta película es la música y su capacidad de salvar. La música y su práctica como salvavidas, como sanadora de heridas provocadas por un mundo que se nos presenta como, individualista, competitivo, falto de ética, falto de escrúpulos. Un mundo que no entiende de creación y sí de acumulación de riqueza. Un mundo que no entiende de pasiones, pero sí de engaño y traición. A medida que Thomas se va introduciendo en la obra de Bach, a medida que va desarrollando esa interpretación, el personaje se va abriendo a nuevas sensaciones. Se abre a los afectos que le provocan otras personas, se abre al amor y comprensión de las y los que le rodean, incluso de su padre, hombre que en su vejez ya no genera más sentimiento que el de lástima por su debilidad, por su incapacidad de plantar cara a aquello que en su juventud no suponía un problema.

De latir mi corazón se ha parado I

Pero la parte más amarga del argumento es la que asimila al personaje de Thomas a Carlito Brigante, el gangster que Brian de Palma condenaba a su destino en Atrapado por su pasado (Carlito’s Way, 1993). Su padre y sus compañeros de trabajo en la especulación inmobiliaria van a ir a buscarle constantemente y a obstaculizar su progreso. Pero él va a luchar por su pasión por la música. Audiard representa esta pasión de forma poética en esos tiempos muertos en los que Thomas mueve sus dedos sobre la barra de un bar, o en el mismo aire mientras espera a sus compinches de correrías en el coche, cuando ya no le apetece ir con ellos a presionar, violentar, agredir, expulsar a la gente de sus hogares improvisados.

Truffaut introdujo a un pianista en el mundo de la mafia y la tensión por las deudas contraídas en su película Tirad sobre el pianista (Tirez sur le pianiste, 1960). Audiard convierte al piano y con ello a la música en una expiación, en una liberación, en una salvación, en una puerta de salida de un mundo de triunfo y de ambición, sí; pero también de vacío emocional. Podrán tirar sobre el pianista, pero no van a romper su sueño. Aunque sus manos se llenen de heridas tras hacer el trabajo sucio de su negocio, sus dedos nunca dejarán de tocar.

dedos heridos

Leyendo los créditos, descubro que es una revisión de una película del año 1978 dirigida por James Toback. Una película que recibió el nombre en España de Melodía para un asesinato, cuando su título en inglés es Fingers, dedos. Los mismos dedos que mueve Thomas cuando quiere sentir la música que sale de ellos, aunque sea en su cabeza.

Dedos en movimiento

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