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Grammy 2017 – Bey Vs Adele - El eterno desencuentro entre industria, prensa y público

Área de Música Área de Música de la Universidad Europea Blog Música en la UE Publicado 06 Febrero 2017

Reflexiones sobre los nominados a los premios Grammy

La quincuagésima novena edición de los Premios Grammy que otorga The Recording Academy (National Academy of Recording Arts and Sciences o NARAS) a la excelencia en logros discográficos está a la vuelta de la esquina. Por primera vez, en España, podremos seguir por televisión, en la madrugada del 12 al 13 de febrero, la gala al completo a través del recién llegado canal de TDT DKiss.

La ceremonia de entrega de los premios se llevará a cabo en el complejo deportivo multiusos Staples Center de Los Angeles, California. Por su alfombra desfilarán los artistas nominados y las personalidades más importantes de la industria de la música (grabada), aunque sin duda todas las miradas estarán puestas en Beyoncé y Adele. Ellas son los grandes reclamos de la edición.

Como en todas las galas de este tipo, habrá un maestro de ceremonia que llevará la voz cantante presentando y amenizando un guión en el que pocas cosas pueden quedar al azar. El ínclito y polifacético James Corden (The Late Late Show) será el responsable de conducir, con su habitual desparpajo y ácido humor británico, la excesiva y aparatosa liturgia de una industria empeñada en demostrar un músculo que no tiene.

Pero aunque la salud y la forma física no acompañen, la capacidad de la Academia para generar ilusión sigue siendo relevante. La gala de 2017 volverá a contar con actuaciones y colaboraciones difícilmente disfrutables en otros escenarios. El escurridizo y excéntrico dúo francés Daft Punk, tan ilustres por su éxito como por sus escasas actuaciones, apoyarán en directo a The Weeknd, con quien han colaborado en su reciente “Starboy”, trabajo publicado a finales de noviembre de 2016 y razón por la que no opta a ningún premio de la Academia para esta edición. A Tribe Called Quest, Anderson .Paak y Dave Grohl, así como Alicia Keys y Maren Morris, serán otros de los momentos álgidos de la gala. El elenco de estrellas que han anunciado su participación en la ceremonia lo completan Adele, Bruno Mars, Metallica, John Legend, Carrie Underwood y Keith Urban.

También es conveniente conocer algunas generalidades más sobre los premios, que ayudan a entender sus mecanismos y algunos de sus sinsentidos. Por un lado, las candidaturas han de presentarse antes del 1 de octubre, fecha a partir de la cual expertos de la industria discográfica seleccionan los cinco trabajos de cada categoría que obtienen más votos. Esta información se traslada a los miembros de The Recording Academy, que son los encargados de emitir la votación final. El proceso de votación está explicado en la infografía que podrás encontrar haciendo clic aquí

84 categorías divididas en ni se sabe los géneros musicales, a veces difíciles de distinguir entre sí y de relevancia cuestionable, componen su materia.  Una excesiva compartimentación de la música en géneros realizada por motivos comerciales y al servicio del mercado que lejos de ayudar, confunde a la opinión pública, dificulta su comunicación sobremanera y desvirtúa todos los premios que se otorgan fuera de las categorías principales o generales, que son: grabación, canción y álbum del año y mejor artista novel.

La Academia toma medidas que ayuden a la transparencia del proceso y no pongan en cuestión la limpieza del mismo. Por ejemplo, Deloitte Touche Tohmatsu es la encargada de tabular los votos. Además, se supone que el jurado vota valorando exclusivamente la calidad de las candidaturas.

Desde 2000 y como consecuencia de la pujanza del mercado de música latina, se entregan los Grammy latinos, compuesto de 50 categorías.

Pero, ¿qué ocurrirá el día 12 de febrero? Habría que comenzar advirtiendo que, por desgracia para Beyoncé  o Adele o Kanye West o quien se tercie, 2016 será recordado, principalmente, por el fallecimiento de varios artistas cruciales como David Bowie, Leonard Cohen, Prince o Merle Haggard, productores como George Martin y una la de las principales figuras de la música clásica contemporánea como Pierre Boulez. No obstante, la vida sigue y a la industria de la música no le queda otra que seguir intentándolo.

Como decíamos, Beyoncé y Adele o, mejor dicho, su duelo por conseguir las tres categorías generales a las que ambas están nominadas, serán el plato fuerte de los premios. Beyoncé, además de optar a mejor grabación y canción por “Formation”, y a mejor álbum por “Lemonade”, está nominada a seis premios más: mejor video, mejor película, etc.

Beyoncé

Por su parte, la británica Adele, rivalizará con la norteamericana en las categorías principales de mejor grabación y canción por “Hello” y mejor álbum por “25”.

Kanye West, Rihanna y Drake intentarán eclipsar el duelo de divas con sus ocho nominaciones por cabeza. Chance The Rapper, con siete, también tiene opciones de convertirse en uno de los triunfadores de la velada.

Aunque hemos visto que, los miembros del jurado solo deberían valorar la calidad, según las instrucciones de la Academia, es difícil disociarla de las ventas, por un lado, y de lo que ha dicho la prensa, por otro. Premios de la Industria, crítica y ventas, en buena lógica, deberían ir de la mano, pero no es, ni mucho menos así, y solo a veces sincronizan.

Centrándonos en nuestras dos protagonistas principales, las ventas justifican con creces su presencia en las nominaciones y todas sus aspiraciones. “25” de Adele – que se publicó a finales de noviembre de 2015- se aproxima a los 20 millones de copias vendidas en todo el mundo.  “Lemonade” de Beyoncé vio la luz en abril de 2016 y acumula ventas en torno a los 3 millones de copias.

En cuanto a la crítica, no hay duda de que Bey es la ganadora. Rolling Stone, The Guardian y BBC han elegido “Lemonade” como disco del año. Pitchfork, por su parte, lo sitúa como número 3. “25” de Adele ocupó el segundo lugar en la lista de Rolling Stone de 2015.

En la madrugada del 12 al 13 de febrero sabremos qué piensa The Recording Academy y tendremos las tres incógnitas que resuelven nuestras dudas despejadas. Habría otras métricas de interés que podrían tenerse en cuenta para valorar la popularidad de los artistas como visionados en Youtube, escuchas en Spotify y Deezer, popularidad en Apple Music, seguidores en redes sociales, etcétera, aunque nada como las cifras de ventas – de discos y de entradas para conciertos- para conocer el compromiso de los fans con sus artistas preferidos.

A juzgar por la intensidad y entusiasmo que muestran sus defensores, “Lemonade” de Beyoncé será recordado y valorado dentro de 40 o 50 años cuando se recapitule sobre esta época. Parece que hay argumentos suficientes como para saber si estará a la altura de obras clásicas de la historia de la música popular como “Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band” (1967) de The Beatles, “Rumours” (1977) de Fletwood Mac o “Thriller” (1982) de Michael Jackson.  Y cito éstos con toda la intención, ya que son tres de los pocos casos en los que industria, prensa y público han estado de acuerdo.

No soy fan de Beyoncé y de nada serviría que me pusiera ahora a intentar descubrir “Lemonade”, y subirme al carro. Por ello,  le pedí a Abel Hernández, profesor del Grado en Creación Musical en UEM y co-impulsor de los Cursos de Experto en Producción Creativa de la Música, que escribiera unas líneas que mostraran su opinión sobre “Lemonade”. Su apabullante reflexión dice:

“Los dos asuntos que me interesan sobre todo de este disco, al margen de lo potente y disfrutable de su propuesta musical, casi diría que canción por canción, serían las que me parece constituyen sus dos aportaciones fundamentales:

En primer lugar su contribución a la reciente reivindicación por parte de cierto mainstream de la música negra estadounidense del álbum conceptual como vehículo de expresión de ideas y planteamientos artísticos. En concreto la versión de álbum visual, con la introducción de los poemas de Warsan Shire entre otras cosas, multiplica los efectos, sentidos y toda la semántica de las canciones, volviéndolas menos sencillas de interpretar simplonamente. En ello incluiría la estrategia del juego con la vida privada y pública, uno de los posibles subtemas del álbum.  

En segundo lugar el aspecto de gran obra colaborativa, como un gran fresco monumental de intereses e influencias musicales. Es un álbum coral, donde además Beyoncé se sitúa en el centro de la cultura de remix, tomando un sinfín de fragmentos, ideas y literalmente o traduciéndolos y pasándolos por su interpretación.

Todo ello me resulta aún más notable, cuando se trata de algo que se usa sin anunciarse como sello de pureza y autenticidad sino con una evidente y no disimulada vocación de marketing.

La más poderosa dentro del Pop contemporáneo en lugar de salir del paso y limitarse a seguir generando ingresos, plantea una obra de apariencia sencilla pero en realidad rica en escuchas y en sentidos mediante un vehículo como el álbum conceptual que a veces parece derrotado por la fugacidad y lo gaseoso de su tiempo. Beyoncé, por tanto, apuesta por un Pop donde no vale todo y donde la complicidad inteligente de un público atento es esencial.”

En buena lógica, el reconocimiento de la industria a la excelencia en logros discográficos, el empuje positivo de la crítica y el número de ventas, deberían ser razones suficientes para que la historia del palmarés  de los Grammy en su categoría de mejor álbum, las listas de los mejores discos de la historia de la música popular y el ránking de los discos más vendidos de todos los tiempos, hubieran coincidido más a menudo. Sin embargo, hay algunos ejemplos que erizan el bello.

En 1959, año de la primera edición de los premios Grammy, se editaba “Kind of Blue” de Miles Davis. Grabación llevada a cabo por una de los mejores lineup de la historia en el que, además de Davis, formaban John Coltrane y Bill Evans, y a la postre el disco más vendido del género con más de 20 millones de copias. El Grammy a la mejor interpretación de jazz grupal de 1960, categoría que le habría correspondido a “Kind of Blue”, fue para Jonah Jones por “I Dig Chicks!”. Davis tendría que esperar a 1971 para recibir su único premio Grammy como mejor interpretación de jazz por “Bitches Brew".

Entre 1965 y 1967 se publicaron un buen puñado de obras maestras de la música popular. En el 65 fue el turno para “Highway 61 Revisited” de Bob Dylan y “Rubber Soul” de The Beatles, en el 66 ambos repetían con “Blonde On Blonde” el primero y “Revolver” los segundos, además de “Pet Sounds” de The Beach Boys. 1967 fue una locura“Forever Changes” de Love, “The Velvet Undreground” de The Velvet Underground & Nico,  “The Notorious Byrd Brothers” de The Byrds, “Are You Experienced?” de The Jimi Hendrix Experience, “The Doors” de The Doors, “Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band” de The Beatles o “Between The Buttons” y “Their Satanic Majesties Request” de The Rolling Stones. Ninguno de estos trabajos, habituales en los primeros puestos de las listas de los mejores discos de la historia del rock y de la música popular, a excepción de “Sgt. Pepper’s…” fue reconocido por los Grammy. En 1965 reconocía “Getz/Gilberto” de Stan Getz y Astrud Gilberto como mejor álbum. 1966 fue el turno de “September of My Years” de Frank Sinatra, que repetiría un año más tarde con “A Man and His Music”. En 1967, la Academia premió, por fin, un disco de The Beatles, “Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band” como mejor álbum.

El club de los corazones solitarios del Sargento Pepper’s también ostenta, por aquello de la sintonía de los tres estamentos, un mareante guarismo de ventas con 32 millones.

El cuarteto de Liverpool, al que nadie dudaría en señalar como la banda más popular de los años 60 y, probablemente, de la historia, solo cosechó tres premios Grammy. Además del de mejor álbum del 67 por “Sgt. Pepper’s…”, fueron galardonados en 1965 como mejor artista novel y en 1966 fue “Michelle” la que se llevó el premio como mejor canción.

Los años 70 no fueron una excepción, y los ejemplos de patinazos de la Academia continuaron sucediéndose. En 1971, por ejemplo, se publicaron el celebérrimo “IV” de Led Zeppelin, un excelso ejercicio de estilo entre el blues, el folk y el rock que ha vendido casi 40 millones de copias y cuya valía no fue reconocida por la NARAS; y “What’s Going On” de Marvin Gaye, un álbum conceptual valorado como uno de los mejores de todos los tiempos por la crítica. 1972, fue el turno de otro par de sonoros ninguneos: por un lado,   “The Rise & Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars” de David Bowie, y por otro, “Exile On Main Street” de The Rolling Stones. Sobran las palabras.

En 1973 le tocó a  “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd , la obra magna de la banda en la etapa post Syd Barrett, ser obviado por los premios. 45 millones de copias avalan su calado social. Y no es que los ganadores de los premios en el 72, “Tapestry” de Carole King; 73, “The Concert For Bangla Desh” de George Harrison y sus amigos; y 74, “Innervisions” de Stevie Wonder fueran discos malos, ni mucho menos, pero es difícil verlos en las listas de los mejores trabajos de la historia, y su calado social y cultural, a juzgar por las ventas, no es tan profundo como el de los anteriores.

Los ejemplos son interminables. Basten tres más para aparcar definitivamente el asunto. El gran triunfador de 1976, “Hotel California” sí que tuvo reflejo en los premios, ganando en la edición del 78 el de la mejor grabación del año. El codiciado mejor álbum del 77 se lo llevó otro  de los discos de confluencia estamental –ya sabéis, premiado en los Grammy, bien valorado por la crítica y millonario en ventas-, “Rumours” de Fletwood Mac. 32 y 40 millones de copias vendidas en el mundo respaldan su éxito. Sin embargo, la edición del 78 dejó sin ningún tipo de reconocimiento discos tan importantes como “Marquee Moon” de Television “Heroes” de David Bowie.

La década de los 80 comenzó con otro par de sonoros naufragios. En 1980 se publicaron “London Calling” de The Clash y “Back In Black” de AC/DC. El primero, un trabajo de enorme calado e inmensa reputación, y el de los australianos, con 45 millones de copias despachadas (imaginad que cada español tuviera una copia del disco), el segundo más vendido por detrás de “Thriller” de Michael Jackson. Ni que decir tiene que ninguno fue debidamente reconocido.

Y hablando del pequeño de The Jackson 5, recordar que fue su “Thriller” (1982) otro de los ejemplos de confluencia entre industria, prensa y público. 65 millones de copias y 8 premios de la Academia en 1984, así como el reconocimiento de la crítica acreditan su enorme influencia.

No me gustaría acabar sin mencionar el caso de Nirvana y “Nevermind”. El disco se publicó en 1991 y convirtió a la recién llegada banda y a su líder Kurt Cobain en fenómenos sociales de manera casi instantánea. La crítica no escatimó elogios y las ventas oscilan los 30 millones de copias. Pues bien, The Recording Academy, una vez más, pasó por encima del clamor popular y dejó huérfano de reconocimiento un disco que culminaba otro cambio de paradigma en la música popular. En 1992 fue la insulsa Natalie Cole la gran triunfadora de los premios llevándose los categorías generales de mejor grabación, canción (por “Unforggetable” a dúo con su resucitado padre Nat King) y álbum (“Unforggetable… With Love”). Por cierto, el premio a mejor artista novel se lo llevó Marc Cohn, ¿alguien se acuerda de él?

Son estas cosas y el acaparamiento de premios por parte de insignes mediocres como Céline Dion, Natalie Cole o Christopher Cross, los que anulan mi empatía por estos premios cuyo resultado, dicho sea de paso, me es ajeno.

Beyoncé y “Lemonade” serán los triunfadores de 2016, de eso no tengo ni la menor duda, gane o no todos o ninguno de los premios a los que está nominada. Si la industria pretende seguir pareciendo influyente, no debe dejar pasar ocasiones como esta para poner los puntos sobre las íes, pero a estas alturas del partido creo que industria, prensa y público seguirán, la mayoría de las veces, remando en direcciones separadas. Y lo peor es que creo que esto no es una muestra de amplitud de miras, que malo habría en cada uno sintiera y aupara gremialmente a sus héroes, sino de falta de foco y objetivos comunes a grandes rasgos.

 

 

 

 

 

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