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Música en la UE

Acerca de lo auténtico en la música

José Sanchez-Sanz Profesor del área de música de la Universidad Europea Blog Música en la UE Publicado 30 Enero 2017

 

En unos tiempos en los que el libro de James Rhodes se ha convertido en un hype, y que la gente va a sus conciertos para disfrutar de la música llamada clásica, es el momento de hacer algunas reflexiones, aunque sea sobre el papel, de lo que realmente es disfrutar de la música, la formación de públicos, sobre todo con la clásica, e intentar buscar una salida al atolladero en el que se encuentra ahora mismo ese entorno. Justamente coincide que he estado viendo a la vez dos series que tratan el tema de la música. Por un lado está la magnífica serie que coordinó David Simon dedicada al barrio de Nueva Orleans que lleva su título; Treme, y por otro la serie que Roman Coppola, Paul Weitz y Jason Schwartzman han supervisado titulada Mozart in the jungle.

Las dos tienen que ver con la música, pero representan polos opuestos acerca del concepto que representa dentro de la sociedad que vivimos actualmente. Simon nos conduce por medio de un mosaico de personajes realistas de lo más variopinto, por un territorio destruido por el huracán Katrina, por la corrupción policial e inmobiliaria y por por la desidia e indolencia de las administraciones públicas. Todo ello es mostrado tras un decorado en el que la música es la esencia de la ciudad que fue la cuna del jazz. Mozart in the jungle es una comedia, un divertimento como lo podría haber compuesto cualquier compositor del siglo XVIII pero audiovisual, la historia de una oboísta tenaz, que hipotecó su vida a su instrumento y que encuentra el despunte a su carrera de la mano de un inmaduro e insoportable niño prodigio de la dirección de orquesta para el que trabaja sujeta a todo tipo de caprichos y vaivenes. Lo interesante de esta última serie son los temas que pone sobre la mesa y que sirven de telón de fondo a la trivial y divertida historia principal. Dos de ellos son; el del soporte económico de las orquestas y el del envejecimiento de los abonados que van a los conciertos. También dedica una parte al tema de la lucha sindical de los músicos de orquesta, como profesionales que son de sus respectivos instrumentos, pero vamos a dejar esto para otro momento, que necesitaría más espacio que un artículo para desarrollarlo. 

Centrando el tema en el del soporte económico, hay que tener en cuenta que el sistema en Estados Unidos difiere en gran parte de cómo lo hacemos aquí. Existen donantes, grandes empresarios que invierten dinero en cultura (reciben interesantes beneficios fiscales por ello) y cómo no, participar en una orquesta es para ellos una opción muy buena, da mucho lustre. En España se funciona por ayudas públicas, por lo tanto la crisis de los donantes de la serie queda en un segundo plano, pero el segundo tema que se mencionó sí que es muy actual en nuestro entorno. El público de la música clásica está envejeciendo. La gente joven no quiere seguir yendo a conciertos de este tipo, y por joven no me estoy refiriendo a menores de 25, me estoy refiriendo a franjas de edad entre 30 y 45 años. Las personas que están integradas en este grupo van alguna vez a algún concierto, pero tampoco repetirían, sin embargo la melómana y el melómano, las aficionadas y los aficionados a la clásica, esa clase en extinción sí que llenan como pueden los auditorios y salas de conciertos de este país. La brecha cultural está servida y parece hasta cierto punto insalvable. Para los gestores de la orquesta de Mozart in the jungle, traer como director titular a un joven polémico por sus actitudes y trangresor en sus planteamientos es la solución inicial, pero con el tiempo se va contemplando que tampoco es la panacea ¿Qué es lo que haría falta entonces?

Es un problema de autenticidad. La música clásica, desde hace mucho tiempo ha perdido autenticidad, por muchas rastas, batutas de colores, trajes de diseño, pianistas con traumas infantiles y conciertos pedagógicos es muy difícil de quitar toda esa pátina de ranciedad y elitismo que ha cubierto siempre a la música clásica, a las orquestas y sus programas. Una música compuesta por autores que llevan siglos muertos y que no se identifican con los espectadores, ya que en gran parte estuvieron compuestas para un público que vestía, comía, vivía, sentía y disfrutaba de una forma muy distinta a lo que nosotras y nosotros hacemos en la actualidad. 

Davis Mcalary habla con Nelson Hidalgo

En la serie Treme no se trata la música clásica (aunque en algún capítulo aparece de refilón), se trata de toda la música que suena en esa ciudad y que lleva sonando durante más de un siglo, que acompaña sus calles su gente, su día a día, es su vida. Vida, un importante concepto que se ha perdido en el entorno de la música, porque desde los inicios de la práctica musical estaba hecha para vivirla. En el primer episodio de su última temporada, que lamentablemente fue cerrada de forma prematura, hay un monólogo de un personaje que muestra lo que realmente significa la música en una sociedad que la siente como suya. El divertido personaje de Davis Mcalary, un vividor intenso del barrio de Treme y de su música, inicia un proceso de reeducación de Nelson Hidalgo, un buitre empresarial que ha llegado al barrio de fuera para forrarse a costa de la reconstrucción de la ciudad. Ambos están en un bar viendo un concierto de un chaval de la zona que vive la música, la siente y la proyecta a un público entregado que la vive con él, Davis enseña a Nelson una foto tras una de las barras en la que se ve un niño desfilando tocando un trombón, que resulta ser un retrato tiempo atrás del joven que está en el escenario. Davis le dice “Él es quien es porque viene de donde viene. No viene de un conservatorio viene de la calle, de los desfiles (second line en el original), de los funerales y de tocar conciertos a tres partes en clubes de mala muerte. La música vive donde vive, no puedes joder eso”.

En eso está la autenticidad, en vivir la música, porque no es un mero entretenimiento para los oídos: hay que sentirla y en las salas de concierto, auditorios y salas de ópera actuales la música se vive de una forma muy aséptica, como cogida con guantes ¿Dónde está la vida? Yo soy compositor clásico y llevo toda una vida buscando un lugar en un espacio donde quiero vivir esa experiencia. Es la obligación de cualquier músico contemporáneo de buscar ese lugar y ese espacio, y el continuismo por medio de introducir pequeños alicientes no es la solución. Se necesita romper barreras, moldes y costumbres; hay que jugar un poco. Sencillamente viviendo con el público, como hacen los músicos de Nueva Orleans. 
 

 

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