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Traducción e Interpretación en la Universidad Europea

Blog de los docentes del grado en Traducción e Interpretación de la Universidad Europea. En él hablaremos de qué significa traducir, de la comunicación intercultural, de cómo se forma un buen intérprete, de tecnologías de la traducción, de las salidas profesionales... En resumen, de cómo convertir tu pasión por las lenguas en tu profesión.
 

Trabajos de estudiantes: Entrevista con una profesional de la traducción

Fernando Contreras Blanco Profesor Universidad Europea Blog Traducción e Interpretación en la Universidad Europea Publicado 08 Septiembre 2016

Trabajos de estudiantes: Entrevista con una profesional de la traducción

Gala Arias Rubio. Profesora de Iniciación a la traducción

Dentro de la asignatura Iniciación a la traducción, asignatura obligatoria para los estudiantes de primer curso del Grado en Traducción y Comunicación Intercultural, realizamos un portafolio con una serie de trabajos obligatorios y otros, voluntarios. Entre estos trabajos voluntarios los alumnos pueden elegir realizar una entrevista a un profesional del mundo de la traducción, de cualquier especialidad.

Durante el curso 2015-2016, las alumnas de la asignatura: Macarena Dueñas y María de los Ángeles Martínez Lorenzo contactaron con Pilar Ramírez Tello, traductora literaria autora de las traducciones de una serie de sagas juveniles de enorme éxito en nuestro país. Las estudiantes localizaron los datos de la traductora, elaboraron una serie de preguntas muy interesantes sobre el ejercicio profesional de Pilar y se las hicieron llegar. Gracias a su trabajo podemos acceder a información muy valiosa sobre cómo trabajan los traductores literarios, cómo se comienza en esta especialidad y otros aspectos sobre el mundo literario en general.

***

Pilar Ramírez Tello, traductora literaria, es la persona responsable de que muchas de las sagas literarias juveniles más importantes de la actualidad puedan ser leídas por miles de lectores españoles. Quizás muchos no sepan su nombre, a pesar de que está escrito en los ejemplares de sus sagas favoritas, pero Pilar es tan parte de Los Juegos del Hambre o de Divergente como sus respectivas autoras.

Mi compañera María y yo nos pusimos en contacto con ella debido a que, desde hace años, nos preguntábamos cómo sería traducir una saga de repercusión mundial. Localizamos su dirección de correo electrónico y le escribimos solicitándola una breve entrevista. Nos respondió con mucha celeridad y mostró una gran disposición a hablar con nosotras. Tras enviarle las preguntas, en cuestión de un par de días nos envió las respuestas.

¿Qué le motivó para dedicarse a la traducción y, más concretamente, a la traducción literaria?

PILAR: Pues cuando terminé los estudios de secundaria no tenía ninguna vocación de nada. Por más vuelta que les daba a las distintas carreras, ninguna me convencía: no quería ser abogada, ni filóloga, ni nada que tuviera que ver con las ciencias; no quería ser profesora; y prefería la práctica a la teoría.

Así que, como lo que de verdad me gustaba hacer era leer y escribir, analicé las distintas posibilidades hasta dar con la que me permitiera dedicarme profesionalmente a eso. Pensé en periodismo, pero por aquella época era muy tímida y no me veía. Entonces descubrí que existía la carrera de Traducción y, dado que había recibido clases particulares de inglés desde muy pequeñita y lo hablaba bastante bien, decidí intentarlo. Siempre con la idea de traducir libros, que era lo que me gustaba leer, claro. En la carrera, por suerte, averigüé que me gustaba el proceso de traducir en sí, ya fueran libros o manuales técnicos.

 

¿Se dedica o se ha dedicado alguna vez a otras especialidades de la traducción?

P: Sí. Empecé trabajando en plantilla para una agencia de traducción en la que hice de todo. Después me contrataron en una empresa de gestión documental, donde colaboré en la elaboración de varios diccionarios especializados bilingües para una plataforma que estaban creando. Y en mi tercer y último trabajo en plantilla, que fue el más largo, estuve en el departamento de traducción de una empresa de ingeniería. Entre unas cosas y otras, aunque en la carrera mi especialidad era la traducción jurídico-económica, acabé especializándome en traducción técnica, sobre todo de ingeniería.

Mientras trabajaba en la empresa de ingeniería, empecé con las traducciones literarias. Después me establecí por mi cuenta y compaginé ambos campos, cosa que sigo haciendo, aunque ahora casi todo lo que hago es literatura. No me da tiempo a más.

 

Aparte del inglés, ¿tiene otras lenguas de trabajo?

P: No. Lo poco que aprendí de ruso y de alemán en la facultad lo fui olvidando por no ponerme las pilas en su debido momento.

 

¿Cuáles cree que son las consideraciones que debe de tener en cuenta un traductor antes y a la hora de realizar su trabajo?

P: A ver... Primero, las más prácticas: si el plazo y la tarifa son los adecuados; si se cumplen los requisitos legales (si traduces un libro para una editorial es necesario que exista un contrato de traducción); si el cliente es de fiar... Para todo esto son muy prácticas las redes sociales, las asociaciones de traductores (ACE-Traductores, Asetrad, etc.) y el contacto con los colegas.

Por otro lado, también es importante ser consciente de tus limitaciones. Es decir, no responder a todo que sí (por muy difícil que sea rechazar proyectos, sobre todo al principio), sino saber qué eres capaz de hacer y qué no. Antes que entregar un trabajo deficiente, es preferible no hacerlo.

A la hora de realizar el trabajo, pues nada, documentarse bien y al toro.

 

Ha traducido muchas sagas literarias juveniles que luego se han llevado a la gran pantalla, ¿le ha ayudado en su profesión traducir sagas de tal relevancia?

P: Al principio, no. Pero poco a poco, entre el ruido que han hecho las películas y que he empezado a moverme un poco más en las redes sociales, a dar charlas, etcétera, parece que algo empieza a calar. En realidad, no es que, de repente, todas las editoriales digan: «¡Oye! ¡Vamos a llamar a la traductora de Los Juegos!».

¿Cómo se siente al haber traducido sagas que tienen tanto éxito y repercusión en todo el mundo? Probablemente, en muchos casos, habrá sido una de las pocas personas que tiene en sus manos el esperado desenlace de esas sagas.

P: Al principio daba un poco de vértigo. En la primera película de Los Juegos, lloré de emoción en el cine. Después, sobre todo, responsabilidad y un poco de miedo. Tened en cuenta que los libros, en general, se venden poco, salvo que se trate de un superventas. Es decir, la mayoría de los libros que he traducido han vendido, a lo sumo 4.000 ejemplares. Normalmente, menos. Y, de repente, te encuentras con que traduces un libro que leen cada vez más personas... hasta alcanzar el millón de ejemplares vendidos, más o menos. ¡Cuando metes la pata, lo saben un millón de personas!

Y sí, cuando me llegó Sinsajo solo podía comentarlo con la encargada de prensa de RBA, que también estaba de los nervios porque no podía hablar con nadie del desenlace. Además, las páginas del final no las enviaron de la editorial estadounidense hasta el último momento, después de que ya hubiera traducido el resto, por miedo a que se filtrara. Y por mensajería, nada de correo electrónico. Fue todo una mezcla de Misión: Imposible y Top Secret.

 

¿Cree que es complicado que una editorial te escoja para traducir sagas tan importantes? ¿Cómo fue en su caso?

P: Lo mío fue más bien buena suerte. Bueno, y especialización. Cuando compraron los derechos de traducción de Los Juegos para España todavía no era el bombazo en el que se convertiría. En aquel momento yo ya había traducido bastantes libros de fantasía, ciencia ficción y literatura juvenil, así que al buscar a alguien con experiencia en todo esto, dieron conmigo. Que podrían haber dado con cualquier otro traductor, porque expertos en estos temas hay muchos y muy buenos. Pero ahí entra la buena suerte que decía.

Con Divergente fue distinto porque en la editorial ya me conocían y trabajaba (y sigo trabajando) mucho con ellos.

Así que, como casi todo, una mezcla de trabajo y buena suerte.

 

¿Hay mucha diferencia al traducir un título de una saga muy conocida por cuestiones de confidencialidad y de plazos? ¿Le envían los libros cuando se publican en inglés o antes de ser publicados? ¿Cuánto tiempo le lleva traducirlos?

P: Sí, hay bastante diferencia. El caso extremo fue el de Sinsajo que os comenté antes: lo recibí casi directamente desde el ordenador de la autora, y las últimas treinta páginas por mensajería y casi al límite. Todo porque querían publicarlo a la vez que en inglés para evitar traducciones aficionadas y filtraciones. Y tuve que firmar un contrato de confidencialidad.

Después de eso, lo cierto es que cada vez es más habitual lo de recibir los libros antes de que se publiquen en inglés, sobre todo si la editorial cree que va a vender. Es todo una carrera. Nos hemos acostumbrado a la inmediatez, como en el campo audiovisual (las películas y las series, que queremos ver ya de ya), y los plazos se están recortando mucho, a veces hasta límites absurdos. El susodicho Sinsajo se tradujo en veinte días, lo que era una locura; lo peor es que esa locura amenaza con convertirse en la norma.

Entroncando con esto, los plazos de traducción varían mucho. Efectivamente, si es un libro conocido o que creen que venderá, los plazos se recortan para ajustarlos a la publicación en inglés (para que salga a la vez o casi a la vez). Si no, ya depende mucho de los planes de la editorial de turno. Antes calculaba unas cien páginas al mes, pero ahora son bastantes más. Y el margen de negociación también se ha reducido. Muchas veces es: o lo tomas, o lo dejas.

 

En la traducción es fundamental contactar con los clientes cuando surgen ciertas dudas. Sin embargo, ¿es tan fácil contactar con clientes cuando se trata de escritores de la talla de Veronica Roth o Rick Yancey?

P: Bueno, en el caso de la literaria, en realidad no es tan fundamental. Además, nuestros clientes no suelen ser los autores, sino las editoriales. Cada traductor al que preguntéis os dará una opinión distinta, pero, en principio, preguntar al autor es el último recurso cuando todo lo demás falla. Y siempre que sea posible, puesto que a veces traducimos autores que ya no están vivos...

Tiene que tratarse de un término que resulte imposible de traducir sin inventártelo a las bravas o preguntar al autor. Por ejemplo, en un libro que traduje hace tiempo, La Corte del Aire, de Stephen Hunt, salen unos seres a los que llama mu-bodies, sin más explicación. Al final se lo pregunté y resultaron ser multiple-unit bodies.

Por tanto, muchas veces no es necesario hablar con los autores. Por ejemplo, no he tenido que ponerme en contacto ni con Suzanne Collins ni con Rick Yancey, y creo recordar que tampoco con Veronica Roth, así que no puedo deciros si es más o menos difícil. Intuyo que sí...

Por otro lado, sí que estoy en contacto con otros autores, como Stephen Hunt, Sabaa Tahir (Una llama entre cenizas) o Lauren Beukes (Las luminosas, Monstruos rotos, aunque esta última no la he traducido yo). No me resultó difícil ponerme en contacto con ellos, pero quizá porque no son tan conocidos. En los dos últimos casos, no solo escribí para hacer preguntas, sino para avisar sobre erratas en los originales. En el caso de Sabaa Tahir, estoy traduciendo el segundo libro de su serie antes de que terminen de corregirlo en inglés, así que he ido avisando sobre los errores que encontraba.

 

En dos grandes sagas que ha traducido, Los Juegos del Hambre y Divergente, se ha encontrado con títulos intraducibles. ¿Cómo decidió traducir Mockingjay como Sinsajo y Allegiant como Leal? En este último caso, ¿por qué no se optó por mantener la rima con sus dos anteriores títulos, como sucede al pronunciarlos en la versión inglesa?

P: Algo que sabe poca gente es que, tanto en películas como en libros, la última palabra sobre los títulos no suele tenerla el traductor. En el caso de los libros, a veces nos preguntan, a veces nos hacen caso y, a veces, es el departamento de marketing el que tiene el título decidido desde el principio.

En cuanto a la pregunta en sí, ¿quién ha dicho que sean intraducibles, eh? No, en serio, traducidos están, ¿verdad? Pues ea, ahí lo tenéis (guiño). Hay títulos más complicados que otros, eso sí. Los que mencionáis son dos casos muy distintos. Sinsajo no es una invención para el título, sino un término que se tradujo en el primer libro y que, casualidades de la vida, resultó ser el título del tercero. Tuvimos nuestras dudas, sobre todo la editorial, pero a esas alturas la gente ya se había acostumbrado al término, así que lo dejamos estar.

El título de Allegiant sí que nos dio muchos quebraderos de cabeza, porque lo primero que pensamos (las editoras y yo) fue en buscar un título que rimara, como decís. Le dimos mil vueltas y todo nos sonaba fatal. Y, mientras, la gente diciendo que lo llamáramos Detergente, je. El caso es que, si os fijáis en la pronunciación, tampoco Allegiant rima del todo con Divergent e Insurgent. Así que decidimos hacer lo más sensato y utilizar la traducción más correcta, teniendo en cuenta también el contenido de la novela.

La traducción de mockingjay en el primer libro sí que tuvo su enjundia, pero tampoco más que cualquier otro neologismo. Para mí, es de lo más difícil y más divertido de traducir novelas de fantasía y ciencia ficción. Os cuento cómo se hace. Bueno, lo copipego vilmente, porque lo he explicado unas cuantas veces (otro guiño).

Cuando nos encontramos con un término que desconocemos y que sospechamos que no existe, lo primero es averiguar si realmente no existe o simplemente, bueno, lo desconocemos. Nos documentamos bien, preguntamos y llegamos a una conclusión. Una vez segurísimos de que el autor se lo ha inventado, el asunto consiste en intentar averiguar qué proceso ha seguido el susodicho para inventarse el término. Porque, normalmente (hay excepciones), los neologismos no surgen del éter, sino que responden a algo: suenan como algo que ya existe, están compuestos por una o más palabras que sí existen, su forma remite a su significado, etc.

En el caso que nos ocupa, el Capitolio, los malos, crearon un pájaro artificial para vigilar a los ciudadanos de los distritos. El pájaro, en la versión original, se llama jabberjay. Primero empecé por analizar la palabra jabberjay para ver cómo había llegado hasta ella la autora. Un jay es un pájaro real, y su equivalente en español es nuestro arrendajo o azulejo. Azulejo lo descarté a la primera, porque me sonaba a cuarto de baño. Jabber es un verbo que significa farfullar o hablar atropelladamente. Sin embargo, por una cuestión estética, después de buscar sinónimos y de darle muchas vueltas, utilicé en su lugar el verbo charlar. Siempre procurando que el resultado pareciese un nombre de pájaro en español. Por tanto:

jabberjay = charlar + arrendajo = charlajo

Cuando los charlajos o jabberjays quedaron libres, al ser todos los ejemplares macho, se suponía que no se podían reproducir. Pero lograron sobrevivir y se aparearon con los mockingbirds hembra, que equivalen a nuestros sinsontes (que no ruiseñores, como en la novela; ruiseñores son nightingales). Así que, finalmente:

sinsonte + charlajo = sinsajo  |  mockingbird + jabberjay = mockingjay

¿Cuál ha sido el proyecto más difícil que se le ha presentado a lo largo de su trayectoria?

P: Pues creo que Jugar a dioses, de Damien Broderick. Era ciencia ficción dura y mezclaba teorías reales de física cuántica con otras inventadas. Y la acción transcurría en un montón de realidades paralelas en las que había distinto número de dimensiones... Muy divertido, todo.

 

La traducción es una profesión que no está muy bien valorada. ¿Cuál cree que sería el modo de que obtuviera el reconocimiento que se merece?

P: Buf, complicada pregunta. Los traductores editoriales llevamos años intentando responderla a través de las asociaciones y las distintas acciones que llevamos a cabo en favor de la profesión. En estos momentos, apostamos por la visibilidad. La idea es que, cuanto más conscientes sean todos de que existimos (aunque parezca mentira, hay quienes ni siquiera caen en la cuenta de que Veronica Roth no escribe en español), más fácil será hacernos valer. De ahí que tengamos, por ejemplo, la campaña Acredítame, en la que se pide a los medios que mencionen al traductor de los libros que reseñan. Si los lectores se fijan en quién traduce un libro y le dan importancia, o se quejan de las malas traducciones, quizá las editoriales lo tengan en cuenta. Quizá.

 

Por último, ¿qué consejo daría a estudiantes que están comenzando a estudiar traducción, como nosotras?

P: Que luchéis por lo que queráis hacer. Entrar en la traducción editorial es complicado, pero no imposible. Debéis tener muy claro qué cabe esperar: tarifas bajas y mucha carga de trabajo. Sin embargo, es una profesión preciosa que da también muchas alegrías. Así que es todo cuestión de poner los pros y los contras en la balanza y decidir lo que queráis hacer. Si es lo que os llama, no os achantéis, porque estáis en la edad de intentarlo; siempre hay tiempo de rectificar en caso de que os arrepintáis. Echadle morro, tozudez y paciencia. Acudid a congresos, haced contactos entre otros traductores y, si es posible, editores. Escribid blogs, pero solo si de verdad tenéis algo interesante que contar (los buenos blogs de reseñas llaman la atención, y algunos traductores jóvenes han empezado como lectores editoriales). Seguid a los colegas en las redes sociales, apuntaos a asociaciones, informaos...

Ah, y si pensáis que vuestra formación es insuficiente, seguid aprendiendo. No necesariamente con un máster u otro grado, sino leyendo, haciendo talleres e investigando por vuestra cuenta.

Poco más. ¡Buena suerte!

 

 

 

 

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