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Club de ArquiLectura

"Hay muchas veces libros sin Doctor que los lea; hay también otras Doctores que carecen de Libros: lo uno y lo otro es perjudicial en la República, y así en la Arquitectura si no se leen son superfluos los Libros". (Juan Caramuel, 1678)

GOODBYE CASA GUZMÁN

Carlos Javier Irisarri Martínez Profesor de Deontología e Historia del Arte y Arquitectura Blog Club de ArquiLectura Publicado 18 Enero 2017

La demolición de la Casa Guzmán de Alejandro de la Sota y la constatación del artefacto que la sustituye ha hecho que un sector de los profesionales de la arquitectura se duela de forma notoria. Cabe preguntarse en primer lugar si este sector tiene conciencia de que es eso, sólo un sector, y me temo que minoritario; quizá les sorprenda saber la enorme cantidad de arquitectos que no saben cuál es –era- la Casa Guzmán, y a los que Alejandro de la Sota en el mejor de los casos “les suena”. Por no hablar de las nuevas generaciones, a las que se han reducido dramáticamente las humanidades en sus estudios; es muy dudoso que sepan ni siquiera quién era ese señor. La profesión, que cada vez más desprecia el estudio de los precedentes y se obceca en dudosas tecnologías, ha colocado desde la misma formación universitaria el germen de su autodestrucción, mandando a paseo aquello que dio sentido (y competencias legales) a la actividad hace unos pocos siglos.

Si la propia profesión no tiene interés por la arquitectura, ¿qué esperamos del resto de la sociedad? Un joven arquitecto ha destruido no hace mucho la capilla del sótano de Santa María del Pilar, ejemplar obra de Luis Moya, para realizarse con una decoración de una vulgaridad pasmosa. En su propia web alardea del trabajo realizado, pero sus buenas intenciones no pueden ser atenuantes de su enorme incultura. Ni siquiera se le habrá ocurrido pensar que eso que destruía quizá aparecía ya en muchos manuales de historia de la arquitectura. Tan obligado debería ser que el arquitecto sepa calcular y construir como apreciar y respetar, y sin embargo aquéllas acciones generan responsabilidad y éstas no. Y si el arquitecto ni valora ni estima, ¿quién educará al cliente?

Desde ahí vamos a más. Nuestra sociedad tiene como vicio supremo el cerramiento de terrazas, esa gran afirmación de poder e independencia del hipotecado; ello supone no sólo la miseria estética que todos sufrimos, sino un completo desastre medioambiental, tanto en cuestiones energéticas como de acústica y calidad del aire interior. Y esa hecatombe no provoca ningún revuelo, ni siquiera estudios de una cierta seriedad, porque ni los propios arquitectos son conscientes de la gravedad de ese problema, sino que en muchos casos son colaboradores gozosos. Donde miremos habrá más ejemplos: en el centro mismo de Madrid se admite como algo normal una intervención llamada “Operación Canalejas”, que sin embargo es un disparate de tal proporción que las generaciones venideras todavía se preguntarán si nos faltaba un tornillo genético. El surrealismo y la distopía invade nuestras ciudades y ni siquiera los arquitectos lo denunciamos; ni siquiera hemos sido capaces de arrancar tanto chirimbolo publicitario, invasor voraz del espacio que es de todos y uno de los mejores indicadores de la falta de respeto por nuestro hábitat.

Lo dicho, si los arquitectos miran para otro lado cuando conviene (o no saben dónde mirar), ¿qué esperamos del resto? En internet, bajo las noticias de la demolición, se pueden leer los comentarios de los ciudadanos. A la gran mayoría le parece estupenda la demolición, mejor aún el nuevo artefacto y por encima de todo el que cada uno haga lo que le dé la gana con su propiedad. ¿Incultura? Es posible. Pero también es claro que la arquitectura se ha ganado a pulso el descrédito de la sociedad, desde que el arquitecto se volvió mandarín. O volvemos a empezar desde ese punto o no habrá nada que hacer.

De nada servirá “culturizar y sensibilizar”. A corto plazo, la codicia no se vence con cultura sino con dinero. Si hay que proteger, no habrá otro camino que dar algo a cambio. Exención en licencias y tasas, y sobre todo, exención en el IBI. Este sí es un lenguaje claro, que creará colas de propietarios respetuosos con la arquitectura. Pero todo apunta a que la situación se va a tornar dramática. Ninguna administración va a renunciar a impuesto alguno. Y si la vieja política puso el espacio al servicio de la avaricia, la nueva pretende que sea el pueblo el que decida, y ya hemos visto su opinión en los foros… la votación popular haría ricas a las empresas de demolición.

Este es un blog de libros; esta entrada en concreto no es otra cosa que una defensa de cualquier manual de historia de la arquitectura… el que sea, pero al menos uno. Ojalá vuelva a estudiarse a fondo.

cierre de terrazas

Demolition of Casa Guzmán by Alejandro de la Sota and the verification of the object that replaced it has made a sector of professionals of architecture pain in a remarkable way. It is worth asking firstly if this sector is aware that it is just one sector, and I fear that it is a minority; it may surprise them to know the huge number of architects who does not know what is the Casa Guzmán, and to which Alejandro de la Sota at best case "sounds" to them. Not to mention the new generations, which the humanities have dramatically reduced in their studies; it is very doubtful whether they even know who this man was. The profession, which increasingly despises the study of precedents and is obsessed with dubious technologies, has placed the germ of its self-destruction from the University itself, sending out what made sense (and legal competencies) to the activity a few centuries ago.

If the profession itself has no interest in architecture, what do we expect from the rest of society? A young architect not long ago destroyed the basement chapel of Santa María del Pilar, exemplary work of Luis Moya, to be performed with a decoration of an amazing vulgarity. In his own website he boasts of the work done, but his good intentions cannot be attenuating of his enormous lack of culture. It would not even have occurred to him to think that that which destroyed would perhaps appear already in many manuals of history of the architecture. The architect should be so compelled to calculate and construct as to appreciate and respect, and yet those first actions generate responsibility and the others do not. And if the architect neither values nor esteems, who will educate the client?

And from there we go to more. Our society has as a supreme vice the enclosure of terraces, that great affirmation of power and independence of the mortgaged. This means not only the aesthetic misery that we all suffer, but a complete environmental disaster, both in energy matters and acoustics and indoor air quality. And that hecatomb does not provoke a stir, not even studies of certain seriousness, because the architects themselves are not aware of the seriousness of that problem, but in many cases they are joyous collaborators. Where we look, there will be more examples: in the very center of Madrid, an intervention called Operation Canalejas is admitted as something normal, but it is a nonsense of such a proportion that future generations will still wonder if we lack a genetic screw. Surrealism and dystopia invade our cities and not even the architects denounce it. We have not even been able to pull off so much publicity, voracious invader of the space that is of all and one of the best indicators of the lack of respect for our habitat.

That said, if architects look the other way when they agree (or do not know where to look), what do we expect from the rest? On the internet, under the news of the demolition, you can read the comments of citizens. To the great majority, the demolition looks great, even better the new artifact and above all that each one can do what he wants with his property. Inculturation? It's possible. But it is also clear that architecture has been won by the discredit of society, since the architect became a Mandarin. Either we start again from that point or there will be nothing to do.

There is no point in "culturing and sensitizing". In the short term, greed is not won with culture but with money. If we have to protect, there will be no other way than giving something in return: exemption in licenses and fees, and above all exemption in the IBI. This is a clear language, which will create queues of owners respectful of architecture. But everything points to the situation is going to become dramatic. No administration is going to waive any taxes. And if the old policy put space at the service of greed, the new one claims that it is the people who decide, and we have already seen their opinion in the forums ... the popular vote would make the demolition companies rich.

This is a blog of books; this particular entry is nothing more than a defense of any manual of history of architecture ... whatever, but at least one. Hopefully, it will be studied further.

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