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¿Ciencia o Ficción?

En "¿Ciencia o Ficción?" estaremos al tanto de los últimos avances científicos y tecnológicos, aquellos que, por asombrosos, parecen más ficción que realidad. Y todo ello aderezado con un poco de incredulidad, otro tanto de inconformismo y un bastante de cinefilia. ¿Estás preparado para la aventura?

De entre los muertos

Sergio Calvo Fernandez Vicerrector de Investigación de la @UEuropea Blog ¿Ciencia o Ficción? Publicado 02 Enero 2017

El subtítulo que acompañó en España a la película “Vértigo” de Alfred Hitchcock nos da pie para titular el segundo post de “¿Ciencia o Ficción?” aunando los dos pilares fundacionales de este blog: la ciencia y el cine (cine de ciencia-ficción, como no podía ser de otra forma).

Antes de nada, aunque a estas alturas de la película (nunca mejor dicho) habrá pocos que no estén al tanto de lo que vamos a hablar, un aviso a navegantes del hiperespacio: este post contiene spoilers. Así que, si no quieres saber nada del nuevo spin-off de “Star Wars”, lo mejor es que dejes de leer en este momento.

Show must go on

Más allá de la crítica cinematográfica, que dejamos para los que realmente entienden de cine, el estreno de “Rogue One”, la última película de la saga de “Star Wars”, nos da pie para una reflexión sobre cuáles deben ser los límites de la tecnología, aplicados en este caso a la industria del entretenimiento. Y es que parece que todo vale con tal de cumplir aquella máxima de “show must  go on” que inmortalizó Queen allá por 1991.

Resulta que, para deleite de todos los fans de la mítica “Star Wars” de 1977, en “Rogue One”, estrenada en 2016, Peter Cushing vuelve a interpretar el papel del Gran Moff Tarkin, y que en este nuevo film tiene muchas y variadas escenas, convirtiéndose en uno de los secundarios más importantes de la historia.  Nada que objetar, si no fuera porque este legendario actor británico falleció en 1994 a los 81 años de edad.

Hoy en día no hay casi ninguna película que no contenga algún plano generado en todo o en parte por ordenador.  Y es cierto que no es la primera vez que se utiliza CGI (Computer Generated Imagery),  en el cine para recrear actores (vivos o no tan vivos), pero sí es la primera vez que se le da a uno un papel de tanto peso en una cinta.

A lo largo de estas últimas décadas hemos podido ver a Brando Lee en “El cuervo” o a Paul Walker en “Fast & Furious 7” después de que ambos hubiesen fallecido mientras rodaban las películas de las que eran protagonistas. Pero en ambos casos se utilizó material ya grabado para remontarlo y, con pequeños toques de CGI, conseguir la ilusión de que seguían allí y pudieron  terminar sus rodajes.  También hemos podido deleitarnos viendo a Sir Laurence Olivier en “Sky Captain” o a Marlon Brando en “Superman Returns”, pero también en estos casos se trataba de material ya rodado al que se pudo dar un nuevo uso. Lo más cerca que hemos estado de algo parecido al caso de Peter Cushing lo vivimos con los asombrosos rejuvenecimientos de Brad Pitt en “El curios caso de Benjamin Button”,  Jeff Bridges en “Tron Legacy” o Arnold Schwarzenegger en “Terminator: Génesis”. Pero en todas estas ocasiones los actores estaban vivos cuando firmaron su consentimiento para que el equipo de CGI los recrease con unos cuantos años de menos. Y, si saltamos del mundo del cine al de la publicidad, hace un par de años asistimos a la asombrosa recreación de Audrey Hepburn en el spot para televisión de chocolates Galaxy. Todo ello, sin contar con las apariciones de Andy Serkis: el camaleón digital que está detrás del Gollum del “Señor de los Anillos”, el King Kong de Peter Jackson,  el Capitán Haddock en las aventuras de Tintín rodadas por Spielberg, o Caesar el mono parlante de los actuales remakes del “El planeta de los simios”.

Sin embargo, la recreación por CGI de Peter Cushing en “Rogue One” supone un salto tanto cuantitativo como cualitativo sin precedentes. Cuantitativo porque es la primera vez que se da tantos minutos de metraje a un actor recreado íntegramente por CGI tras su fallecimiento, y cualitativo porque no se trata aquí de sugerir algo que no es (un rejuvenecimiento, o un personaje fantástico como en los casos de Andy Serkis), sino justo de lo contrario: usar la tecnología CGI para conseguir la ilusión de que alguien que no está ahí interpretando un papel, parezca que sí que lo está y que es tan real como el resto de sus compañeros de reparto de carne y hueso.

Como cinéfilo y enamorado de la saga galáctica que creó George Lucas, volver a ver a Peter Cushing en la pantalla me produjo un inmenso placer. Reconozco que la experiencia visual es mucho más potente con Cushing campando a sus anchas por la Estrella de la Muerte gracias a la tecnología CGI, y que verlo casi tan real como cualquier otro actor, no sólo me generó una gran fascinación y sorpresa, sino que me trasladó automáticamente en el tiempo 40 años atrás, al cine Roxy B de Madrid en donde vi con mis padres lo que ahora se conoce como el episodio IV de la saga, pero que en aquel entonces fue simplemente “La guerra de la galaxias”. Así que, aunque sólo sea por permitirme asomarme de nuevo al universo “Star Wars” con la mirada de un niño, chapó por el CGI y la arriesgada decisión de Gareth Edwards y el equipo de efectos especiales.

Pero dejando de lado mi pasión cinéfila, las implicaciones de esta aparición de Peter Cushing, como un actor más del reparto de “Rogue One”, 22 años más tarde de su muerte, son muchas y variadas.

Ley y orden

En primer lugar, están las implicaciones legales.

Como suele ocurrir, la tecnología va por delante de las leyes que la regulan. En estos momentos, aunque depende de los países, en líneas generales no hay ninguna normativa sobre el uso de la recreación digital de alguien una vez fallecido, y ni siquiera los expertos en legislación se ponen de acuerdo. Sí que hay reglas claras sobre los derechos de imagen de personas públicas, pero a ningún regulador se le podía pasar por la cabeza hace tan sólo unos  años que la tecnología iba a ser capaz de “resucitar a los muertos”, por lo que no era algo a incluir, por ejemplo,  en los testamentos de las estrellas de Hollywood. Antes de morir, Robin Williams dejó por escrito su deseo de que nadie utilizara su imagen durante los siguientes 25 años. Por lo tanto, no hay ninguna posibilidad de recrear al actor digitalmente, en un marco legal, antes del 2039. Sin embargo, esto es impensable cuando el fallecimiento es repentino y, mucho menos, cuando el fallecimiento se produjo hace 30 años o más.  Así que, ¿cuánto tiempo faltará para que veamos recreados digitalmente en la pantalla a iconos del séptimo arte como Marilyn, James Dean o Humphrey Bogart? Me aventuro a pronosticar que no mucho porque, además de lo anterior, no se le escapa a nadie que la recreación digital de iconos como los nombrados u otros similares, puede reportar pingues beneficios a sus herederos legales. Sin ir más lejos, antes de morir Michael Jackson debía en impuestos más de 500 millones de dólares a la hacienda estadounidense, así que ahora mismo hay una dura batalla legal emprendida por la administración norteamericana para obtener los derechos de imagen del cantante fallecido y recuperar lo que considera que se le debe por derecho. Estos nuevos tiempos en los que vivimos necesitan de nuevas leyes que los regulen, y hasta que lleguen vamos a empezar a ver un gran número de contratos y testamentos de personajes públicos en los que se citarán de manera explícita todas las cláusulas de imagen y a quién van destinados los posibles beneficios de esa explotación.

Códigos deontológicos

Luego están las implicaciones éticas.

Porque, por mucho que legalmente se pueda regular el uso digital de la imagen de personas fallecidas, ¿es ético o moralmente aceptable hacerlo? La tecnología que lo permite está ahí, así que no se trata tanto de una cuestión legal, como de una cuestión moral. ¿Qué pensaría Peter Cushing de todo esto? Y, lo que es más relevante, puesto que nunca podremos saber qué pensaría ¿es lícito recrear su imagen digitalmente? Y aún se puede plantear otra pregunta en esta vuelta de tuerca del “más difícil todavía”, ¿una recreación digital supone una apropiación indebida de la imagen de una persona?, ¿acaso la multitud de obras que Andy Warhol realizó sobre Marilyn Monroe tras el fallecimiento de la actriz por sobredosis de barbitúricos en 1962 no es un uso de la imagen pública de un famoso una vez muerto? Y, sin embargo, es algo que hoy en día tenemos absolutamente aceptado. Y eso, que cualquiera de las 50 obras que realizó el artista sobre este tema valen hoy en día una fortuna. De hecho, puede que el punto de inflexión que separe lo moralmente aceptable de lo que no lo es no se encuentre en la recreación digital en sí misma, sino en el uso que se haga de ella y lo que pueda reportar económicamente. Imaginemos que recreamos a Elvis Presley, cuya legión de seguidores sigue siendo inmensa, y lo ponemos de gira a dar conciertos en grandes estadios. Seguro que el éxito estaba asegurado y que los beneficios iban a ser muchos. ¿Es ético hacerlo si todos los fondos recaudados se destinan a una acción social para, por ejemplo, paliar el hambre en el mundo o buscar la cura de enfermedades?  Con este planteamiento es seguro que nos resulta más fácil aceptar el uso de esta nueva tecnología. Y ojo, que algo así puede no tardar en llegar.  Tupac ya fue modelado mediante CGI para que cantara con Snoop Dogg y otros amigos en Coachella 2012. Y para 2017 se anuncia HoloWhitney. Una gira mundial en la que la cantante ya fallecida Whitney Houston será recreada mediante CGI para asombro de propios y extraños.

And the Oscar goes to…

En tercer lugar podemos hablar de las implicaciones artísticas.

¿Hasta qué punto un actor recreado por CGI realiza una verdadera actuación? Y si asumimos que es así, ¿quién es el responsable de esa representación?, ¿el actor que se presta para que su físico sea utilizado mediante la compleja técnica de Motion Capture o el técnico informático que recrea capas y capas digitales encima del actor para convertirlo en otra cosa o en otra persona? A juzgar por los premios que ha cosechado Andy Serkis “interpretando” a Gollum en la trilogía de “El señor de los anillos”, o a Caesar en “El origen del planeta de los simios”, parece que en el mundo del cine lo tienen claro: por mucha tecnología que se utilice, siempre hay un actor o una actriz detrás de ella que es quien dota de alma al personaje que interpreta. Así que Guy Henry, el actor que está detrás de esta recreación digital de Peter Cushing, puede respirar tranquilo.  En la eterna lucha entre el hombre y la máquina, en lo que a crear arte se refiere, el hombre sigue ganando, pero no olvidemos que el partido se sigue jugando.

A modo de epílogo

No quiero terminar este post sin una reflexión de última hora.

La trágica e inesperada muerte de Carrie Fisher nos ha dejado huérfanos de la princesa Leia e introduce un nuevo debate, ya que ella también es recreada con tecnología CGI en “Rouge One”. Resulta paradójico que cuando se hizo, ella estuviera viva y diese su consentimiento para ello, pero que ahora se haya convertido en una especie de homenaje póstumo a la actriz y el papel más importante de su carrera. Fisher deja sin rodar las escenas en las que debía intervenir en el episodio IX. Pero tranquilos, ahora ya sabemos que no hay nada que la tecnología CGI no pueda solucionar. Y más aún si se dispone de los 50 millones de dólares que la compañía aseguradora Lloyd’s tendrá que pagar a Disney al no poder cumplir su asegurada con el requisito de rodar las tres nuevas películas de la saga.

Y para todos los que aún no hayáis visto “Rogue One”, simplemente deciros que Disney da lo que promete: una historia autoconclusiva, densa, con tensión dramática, dirigida a un público adulto, y mucho más cercana a la saga original que el infanticidio al que sometió Lucas a su criatura con sus olvidables precuelas. El mundo al revés, Disney haciendo de Lucas y Lucas haciendo de Disney.

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