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La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa

Temas de actualidad económica y empresarial nacional e internacional, organización, dirección y estrategia empresarial, panorama y nuevas tendencias en los negocios, emprendimiento, capital humano.

¿EN MANOS DE QUIÉN ESTÁN Y ESTARÁN LAS GRANDES EMPRESAS?

Máximo Cortés Navajas Prof. Dr. D. Empresa Blog La empresa es un mundo, y el mundo es una empresa Publicado 26 Abril 2016

¿Quiénes serán los propietarios de los imperios empresariales? ¿En manos de quién están? Cuando vemos los suntuosos edificios que son sedes de las grandes organizaciones, sus fábricas, sus múltiples establecimientos así como sus productos y sus costosos anuncios televisivos, suelen surgir tales preguntas y conjeturas, aunque sean por mera curiosidad.  Gran parte  de estas corporaciones se han generado a partir del talento y la visión de sus fundadores y personas emprendedoras, que levantaron paso a paso estas compañías, para situarlas en un sitio reconocido en el mundo de los negocios. Bastantes de ellas incluso son de origen familiar; de hecho, hoy en día las familias siguen controlando o manteniendo gran parte de la propiedad  del tejido empresarial (en varias economías punteras, las compañías consideradas de capital familiar llegan a conforman el 80%  del volumen de negocio allí desarrollado).

Pero también es verdad que, cuando se expanden y se convierten en firmas de notoriedad internacional, es habitual que la propiedad comience a compartirse y dispersarse, ya que el justificado afán de crecimiento va aparejado normalmente con la necesidad de buscar nuevos socios de distinta condición. A veces, la entrada de estos socios es una cuestión que resulta indispensable. Por ejemplo, para introducirse en nuevos mercados foráneos, las compañías necesitan unirse a partners y firmas autóctonas de ese país, para facilitar la entrada y el desarrollo de negocio (en algunos estados es condición obligatoria para poder operar en ese lugar). Parece conveniente ir de la mano con socios estratégicos fuertes y bien posicionados.

En otros casos, las compañías optan por salir a bolsa, lo que abre la puerta a nuevos accionistas. Además de la cuestión puramente financiera de captar capital, se entiende como una medida aconsejable para dar notoriedad a la firma; las empresas que cotizan tienen más prestigio y reconocimiento global de marca, aunque varias han terminado por ver diluido su capital o incluso ser objeto de alguna que otra OPA mal intencionada. Además, los grupos empresariales más poderosos y competitivos, van adquiriendo tradicionalmente firmas y marcas en mercados y sectores estratégicos, por lo que es frecuente el cambio de dueños de varios de los productos que habitualmente consumimos.

Y luego está el asunto de las empresas de capital riesgo y los fondos de inversión, que proponen ofertas suculentas para aterrizar de pleno en el capital de las florecientes compañías. Es frecuente que propietarios poco motivados de firmas originalmente familiares, que están en 2ª o 3ª generación, sucumban a estas  tentadoras  cantidades de dinero e incluso terminan por vender o malvender la totalidad de las acciones.

Se ha reflejado en varios artículos de la prensa económica especializa, la cada vez más acusada tendencia a que los nuevos grupos inversores, vayan más allá de la única pretensión de aportar capital en la compañías, evidenciando una intención más intervencionista en la dirección y gestión de las mismas, ocupando papeles protagonistas en el consejo de administración. Se los conoce en el mundillo como “inversores activistas”.

El problema, como ya se indicaba en el anterior artículo del blog (ver “Las grandes multinacionales tienen que salir a escena”), es que los intereses de estos inversores son evidentemente más especulativos y orientados hacia el corto plazo, por lo que a la larga, la cultura empresarial original y los valores organizativos se puede terminar difuminando, viéndose así afectado el gobierno corporativo de la compañía. Según el estudio al respecto publicado en “The Conference Board”, los inversores activistas ponen en amenaza las estrategias planificadas y presionan para cambiar los equipos de dirección, forzando a los responsables a tomar decisiones hacia el corto plazo, orientadas a los intereses de ese grupo inversor (quienes quizás en un futuro cercano ya ni siquiera estén allí). Según este estudio hay unos 50 fondos de inversión especialmente activistas en el ámbito americano, estimándose que se llegan a manejar  169.000 millones de dólares para estas cuestiones (según informe de la consultora especializada FTI Consulting), aunque la cifra se dispara si se considera el total de fondos de inversión de distinta naturaleza. En Europa, los fondos de alto riesgo o hedge funds administran un patrimonio valorado en  55.462 millones de euros, según la publicación Activity Inshigt. Firmas emblemáticas como Apple, General Electric, Procter & Gamble, Dupont, Herbalife, Xerox, eBay, y otras tantas, han estado inmersas de una u otra manera últimamente en estas operaciones inversoras, encontrándose al respecto amplia información ilustrativa en los medios de comunicación y en informes más especializados. Y todo pinta que esto no ha hecho más que empezar.

A partir de estos datos y apreciaciones, cabe repetir la pregunta del inicio: ¿en qué manos están ahora las grandes empresas? Y sobre todo, ¿en qué manos estarán en el futuro?

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Comentarios (5)
Inocencio Arroy... (no verificado)
27 Abril 2016 04:02 pm Responder

De nuevo nos encontramos con una apreciación aguda por parte del profesor Máximo Cortes, que quiere abrir un debate reflexivo sobre las consecuencias de la internacionalidad de los capitales financieros y su impacto en los operadores productivos de la economía. En el artículo se aprecian elementos de reflexión interesante, así se pone de manifiesto que el crecimiento empresarial va inexorablemente aparejado con la búsqueda de financiación en mercados internacionales, dado que la financiación básica (financiación bancaria, autocapitalizacion y líneas de proveedores), ya no son suficiente. Esa apertura a las fuentes de financiación de los mercados, modifica los equilibrios de poder y, por tanto, los objetivos primarios de las empresas, que tienen que dar cabida a las expectativas de los nuevos inversores. Otro punto de reflexión interesante, es el cambio de los mercados financieros “tradicionales” formado por bancos e inversores directos (accionistas), el peso que cada vez toman los inversores profesionales, fondos de inversión, capital riesgo, fondos de pensiones y organizaciones de inversión de todo tipo, también provocan los desplazamientos de los equilibrios de poder y objetivos primarios de las organizaciones empresariales. Los fondos de inversión tienen la obligación de generar una seguridad y rentabilidad a sus partícipes a corto plazo, y así mantener su valor añadido frente a fórmulas de ahorro tradicionales. No cabe duda que el accionista, como propietario, de la empresa en su parte alícuota, tiene el derecho de influir en la decisión de gestión de la compañía, pero la presión del crecimiento, puede llevar a las empresas a la búsqueda de recursos financieros, y la dinámica de los mercados puede provocar la aparición de inversores cuyos objetivos no sean paralelos, o incluso puedan entrar en conflictos con los originarios de las empresas, cuestionado el propio espíritu o, incluso, la viabilidad económica de la actividad productiva. Es evidente que el profesor Máximo presenta un ámbito de reflexión con claras consecuencias económicas, legales y regulatorias.

Inés Martín (no verificado)
27 Abril 2016 04:12 pm Responder

Los dueños de las grandes empresas hoy tienen mayor poder económico que los antiguos emperadores. Eso da una ligera idea de la evolución de las finanzas, con la diferencia de que en tiempos pasados los amos del dinero eran más conocidos que los de ahora. Evidentemente, detrás de las entidades están las personas, pero identificarlas es algo tan difícil como averiguar sus posesiones. Los datos de que disponemos son fundamentalmente los provenientes de la prensa y otros medios de comunicación social que habría que contrastar, en cuando a exactitud y fiabilidad, con los datos de las haciendas públicas, y eso va a ser difícil por el escaso nivel de transparencia a que obligan las leyes de protección de informaciones privadas en la mayoría de los países. Así que, de momento, podemos formarnos una ligera idea con las noticas sobre el club Bilderberg o sobre los paraísos fiscales. El problema de raíz sigue siendo la falta de normalización de los mercados a nivel internacional- Pero hay otro todavía más grave, que es el despilfarro de la riqueza en actividades descabaladas y caprichosas. Esto provoca, entre otras cosas, reacciones encolerizadas por parte de los anti-sistema y, en definitiva, afecta al desarrollo económico internacional. El cambio de rumbo y de ciclo parece cercano. Sabemos que, en la actualidad, la deuda pública es impagable, el problema es dilucidar a quién perjudicará más su posible solución, porque es seguro que existe. En el siglo XX la viabilidad del sistema capitalista se solventó con los impuestos progresivos, en la actualidad parece que la salida va a consistir en responsabilidad de la actividad económica a las economías domésticas y en inevitables quitas.

Joaquín Galván ... (no verificado)
27 Abril 2016 08:57 pm Responder

El profesor doctor Máximo Cortés pone el dedo en la llaga de uno de los mayores problemas que aquejan actualmente a las empresas; especialmente a las grandes corporaciones: de empresas familiares -o con dueños identificados- y con objetivos definidos, hemos pasado a accionariados atomizados con dispersión de objetivos. Algunos consideramos que la función fundamental de la Dirección de una empresa es saber conciliar el corto y el largo plazo. Esto se intenta cumplir en la empresa familiar tradicional que, además de intentar sobrevivir en el día a día, tiene una vocación de continuidad y permanencia. Cuando los propietarios han delegado el control en gestores contratados -que intentan maximizar sus ingresos personales en el corto plazo, al no tener garantizada su permanencia-, hemos visto frecuentemente erosionarse el futuro de las empresas ante una visión cortoplacista y, a veces, un expolio de las mismas a manos de sus directivos. En el caso de toma de participaciones significativas de las empresas por parte de instituciones como fondos de inversión, fondos de capital riesgo, fondos de pensiones u otras organizaciones de inversión, nos encontramos con instituciones que sitúan en el Consejo de Administración de las empresas a representantes que, no conociendo suficientemente la empresa de que son consejeros, defienden los intereses de su organización de origen (que tiene unos objetivos distintos y puede estar radicada allende los mares) y que, en ocasiones, subcontratan a otras empresas conocedoras del ámbito jurídico-económico para orientar sus votos en el Consejo. El proceso de disgregación de la propiedad de las empresas a nivel internacional se presenta como imparable y, para poder alinear sus objetivos, las firmas que pretendan sobrevivir tendrán que comenzar por aumentar de manera inequívoca sus niveles de transparencia.

Abel Blázquez B... (no verificado)
11 Mayo 2016 11:28 am Responder

Muy buena reflexión por parte del Doctor Máximo Cortés, cierto como la vida misma, ya no es suficiente la financiación bancaría y las grandes compañías tienen que recurrir a los grandes fondos de inversión, cuyos objetivos a corto no siempre coinciden con los originarios de la compañía, cada día, además de aportar financiación, entran en la gestión de dichas compañías con lo que ello conlleva.

Fernando Doral ... (no verificado)
23 Mayo 2016 10:29 am Responder

El problema de esta evolución es que al final el capital termina alejándose de la producción del bien, que redunda en uno de loa grandes problemas de nuestro sistema económico. Cuando se inventó el sistema económico que contemplaba el intercambio y la exportación e importación de bienes y servicios, nadie imaginó que el intercambio real no terminaría siendo de bienes ni servicios, sino de dinero. Esto provoca que movimientos de especulación, que, incluso originados de manera ficticia, terminan impactando en el valore real de las empresas. La apertura a accionistas es una puerta que se abre a la especulación, y al alejamiento de las empresas de su objetivo real, que de satisfacer una necesidad del mercado, pasa a ser prioritariamente satisfacer al accionista. Pero es el modelo actual, y hay que aprender a jugar con sus reglas.

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