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Marino Pérez: Las terapias de tercera generación suponen un modo completamente distinto de pensar respecto al modelo biomédico

Francisco Montesinos Marín Profesor Blog Psicología en la Europea Publicado 13 Febrero 2018

Marino Pérez es catedrático de psicología de la Universidad de Oviedo y autor entre otras obras de “Las terapias de tercera generación como terapias contextuales”, “El mito del cerebro creador”, “La invención de los trastornos mentales”, y  “Las raíces de la psicopatología moderna: la melancolía y la esquizofrenia”. Su principal tema de investigación tiene que ver con la naturaleza de los trastornos psicológicos y su tratamiento, con particular interés en la depresión y la esquizofrenia, desde un enfoque multidisciplinar, que integra la perspectiva histórico-cultural y la antropología fenomenológico-existencial. Este gran conocedor de las terapias contextuales será el encargado de inaugurar la I Jornada Universitaria sobre Terapias de Tercera Generación con la conferencia Terapias de tercera generación: fundamentos, innovación y retos.  Hemos querido preguntarle por algunas cuestiones en las que profundizará en su conferencia.

Francisco Montesinos: ¿Cuál es el vacío que han venido a cubrir las terapias de tercera generación?

Marino Pérez: Más que un vacío previo, vienen a mostrar un desarrollo de la propia tradición de la terapia de conducta que no estaba disponible en la década de los 50 y 60 y que el enfoque cognitivo coparía a partir de los 70. Una vez mostrado ese desarrollo (conducta verbal, etc.), se empezaron a ver limitaciones de la terapia cognitivo-conductual (componentes, modelo nomotético, médico, etc.), a partir de las cuales se abrieron paso las de tercera generación. El vacío es en mi opinión posterior, no previo porque alguien echara de menos nuevas terapias.

F.M.: Hay cierta tendencia a considerar todo lo nuevo como terapias de tercera generación. ¿Qué requisitos crees que debe cumplir una terapia psicológica para considerarla como de tercera generación?

M.P.: Una vez establecida la nueva ola, muchas cosas se suben al carro, así como personas. El requisito genealógico sería derivar de la tradición conductista radical y del contextualismo funcional como teoría de la ciencia. La cuestión para bien y para mal es que la noción de contexto da para mucho, porque ninguna terapia se define como no contextual, todas lo son de alguna manera, por eso yo destaqué tres sentidos de contexto: como situación, relación terapéutica y el lenguaje, el yo o la persona.

F.M.: ¿Las terapias de tercera generación suponen realmente algo nuevo frente a las terapias cognitivo-conductuales tradicionales o son más de lo mismo?

M.P.: Una manera de pensar alternativa al modelo biomédico (intrapsíquico, mecanicista) representada por la terapia cognitivo-conductual; un modo completamente distinto de pensar respecto al modelo biomédico, añadiría; a partir de aquí bien otras diferencias como cambiar la relación con los “síntomas” en vez de eliminarlos, hablar de yo persona en vez de mente o cerebro, poner en primer plano los valores, etc.

F.M.: ¿Hasta qué punto pueden suponer una ruptura con la generación anterior?

M.P.: Yo creo que la ruptura es grande, incluso total, aunque ahora hay componendas entre ellas (protocolo unificado de Barlow, estudio de procesos).

F.M.: Llevas tiempo denunciando el “cerebrocentrismo” y una visión “psicopatologizadora” de los trastornos mentales. ¿Hasta qué punto estas nuevas terapias pueden contribuir a desarrollar una visión más contextual y “despsicopatologizadora” de los problemas humanos?

M.P.: Pueden contribuir a superar el cerebrocentrismo y una cierta psicopatologización biomédica, pero de hecho estas terapias tienen una concepción psicopatológica: la inflexibilidad psicológica. Por otro lado, se definen, y son líderes en esto, como transdiagnóstica, pero siguen usando las categorías (depresión, ansiedad, etc.). Necesitan aclararse en esto. Yo por mi parte, introduzco un enfoque fenomenológico y existencial (que también es radicalmente adualista, cerebrocentris, antementalista) que me gustaría compatibilizar con las terapias de tercera generación por su carácter contextual.

F.M.: ¿Qué puede aportar el análisis funcional del comportamiento en el desarrollo de estas nuevas terapias?

M.P.: El análisis funcional es fundamental para estas terapias, algo así como un tesoro que se descubre una y otra vez. Con todo, el análisis funcional debiera también extenderse en una perspectiva narrativa y también hermenéutica (la mayor parte de la obra de Skinner es una hermenéutica conductual del lenguaje y demás instituciones sociales). De los diversos contextualismos, Hayes adoptó el funcional, pero también está el narrativo, el hermenéutico, el dramatúrgico, que no desdicen de una perspectiva contextual.

F.M.: Muchas gracias profesor Pérez Álvarez. Estamos deseando escuchar su presentación en la Jornada.

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